viernes, 31 de enero de 2014

Capítulo 3

Noto su piel erizarse y mi sonrisa se mantiene firme.
—Me encanta que seas tan inocente y tímida, ____.—susurro. 
—Justin, creo que tendría que irme ya...—murmura mirándome fijamente a los ojos.
—¿Tienes o quieres?—arqueo mi ceja derecha. 
Se queda callada, mirándome sin decir nada. Humedezco mis labios y agarro una de sus manos. Me separo unos centímetros de ellas y la giro sobre sí misma, admirando su cuerpo tan bien detallado.
—Una preciosa obra de arte.—murmuro, para luego morder mi labio inferior. La pego a mí de un movimiento, completamente pegada a mí. Sus mejillas enrojecidas me vuelven loco.—El rojo resalta tus ojos, ____.—llevo una de mis manos a una de sus mejillas, acariciándola.
Humedece sus labios, haciendo que me entre un escalofrío por la espina dorsal.
—Excitante.—la giro, y la pego a mí, dejándola despaldas a mí.
Me acerco a su oreja y empiezo a susurrarle cosas, cosas que le haré para darle placer. Gime en silencio y sonrío, sigo susurrándole cosas y con mi mano a ciegas busco el pañuelo que dejé en la mesa. Lo tacto, mojado y lo agarro.
—Nunca me imaginaría que eras hermana de Adam...—suelto de pronto.—Cierra los ojos ____.—lo hace y, éste es mi momento. Le pongo el pañuelo con cloroformo sobre la nariz y los labios y abre de pronto los ojos. Se resiste, pero acaba dormida en menos de treinta segundos.

·


Bebo del vodka de mi vaso, mientras tengo las hermosas vistas de ____ amarrada a mi cama.
Se mueve un poco, hora de empezar. Me levanto de la silla y dejo el vaso sobre la cómoda.
La veo abrir los ojos y empieza a mirarlo todo, primeramente sus manos en el cabecero de mi cama. Fija su mirada en mí, y no está nada contenta...
—¡Estás loco! ¡Suéltame Justin!—grita resistiéndose a las cuerdas.
—____ sé que parece de un psicópata, pero tranquilízate, es parte del juego preciosa. Consciente no te hubieras dejado amarrar...—me acerco a ella y me siento en la cama, justo a su lado.
—Justin no quiero tener sexo contigo, suéltame o me pongo a gritar.—me amenaza. Sonrío y niego con la cabeza.
—Grita todo lo que quieras, esta habitación está insonorizada...—me encojo de hombros.—Pero tranquila, vas a gritar como nunca.—me levanto y me dirijo al armario. Abro éste y luego abro una trampilla de abajo, saco la bolsa y vuelvo hacia ____.
—Esto es enfermizo.—dice rendida.
—Enfermizo va a ser el placer que te voy a dar, cariño.—le guiño un ojo en dirección suya. Dejo la bolsa en el suelo y abro ésta, cogiendo el dilatador transparente.
—¿Alguna vez has tenido sexo anal, ____?—la miro y veo cómo mira el tubo con horror.—Arrg, me encantan las novatas.—me acerco a ella y dejo el tubo y el lubricante en la mesita de noche.
—Ni se te ocurra hacerme algo tan.... macabro.—sonrío ante la última palabra.
—El sexo es macabro, ____.—frunzo el ceño, sentándome a su lado.
—El sexo es algo que compartir con la persona que amas, no para complacer a otras.—dice negando con la cabeza.
—El amor me lo paso yo por el forro de mis cojones.—me encojo de hombros.
—Creía que eras un hombre respetable y educado.—masculla, fulminándome con la mirada.
—Y lo soy cariño, pero en la cama, soy el hijo de puta número uno.—le guiño un ojo y hace una mueca.—Oh cielo, te prometo que si no disfrutas, te dejaré en paz.—me acerco peligrosamente a ella. Ni se inmuta.—Me gustaría ver a qué saben esos labios tan... tentadores.—muerdo mi labio inferior y suelta un suspiro, desesperada.—¿Quieres que te bese?—pregunto a centímetros de ella, entreabre un poco los labios, y pronto noto su cálido aliento chocando con mi barbilla.
Cuando no dice nada, me lo tomo como un "sí". Sonrío torcidamente y pego mis labios a los suyos en pocos segundos.
Al principio no me responde, pero cuando se acostumbra a mis labios, noto su lengua en mi boca. Explorando...
Me separo de ella con brusquedad, dejándola con ganas de más.
—¿Eres virgen?—agarro el dilatador transparente y lo manoseo despacio.
—¿Qué? Por dios, tengo 24 años Jus-
—Me refiero a la parte trasera, ____. A tu precioso y jugoso culo.—suelto el dilatador en la mesita y de un movimiento rápido la agarro y la giro. Da un grito al notar mi mano azotar su culo firme y menudo.—¿Me das permiso para levantar esta falda tan molesta?—acaricio la costura de la falda negra de tubo.
—Diga lo que diga, vas a hacer lo que quieras.—dice con resignación. Frunzo mi ceño.
—¿Crees que te estoy obligando? Yo sólo hago esto por los dos, para darte placer a ti, y para darme placer a mí.—mascullo algo molesto. Me levanto de la cama y empiezo a deshacer los nudos de la cuerda que atan a ____ al cabecero de mi cama.
Los desato del todo y me dirijo hacia la cómoda, cogiendo la botella de Jack Danield's de whisky. Muevo la rosca de ésta y le doy un gran trago.
El líquido baja rápidamente por mi garganta y pronto afecta a mi hígado.
Me giro, viendo a ____ sentada en el filo de mi cama frotando sus muñecas.
—Te puedes ir eh.—murmuro antes de darle otro sorbo a la botella. Mi garganta hierbe y adoro esa sensación.
—Qué educado.—la miro y ésta me devuelve la mirada.
—Ah, perdone. No quiero obligarla a nada. Váyase de mi casa cuando a usted le de la gana.—me burlo.
Se levanta de la cama y empieza a peinar su pelo acaramelado con sus dedos finos y largos.
—¿Y mis zapatos?—empieza a buscarlos con su mirada azul.
—Anda, pues no lo sé.—me hago el tonto y bebo de nuevo. Me mira y se apoya en su cadera derecha.
—Justin, por favor. No seas infantil.—suelta un suspiro.
—En mi despacho.—voy hacia la puerta de mi habitación y la abro. Salgo y espero a ____, que anda descalza con sus finos pies por el parqué de mi casa.
Mientras andamos hacia mi despacho, voy dando tragos a la botella de whisky. Llegamos y abro la puerta, entrando en él.
—Venga, cógelos.—entra en mi despacho a paso ligero y coge sus zapatos, los cuales estaban al lado de la gran mesa.
Se los pone, apoyándose en la mesa. Se incorpora bien, y ha crecido unos doce centímetros más. No sé cómo coño hacen para andar con esos zapatos. Coge su maletín de la silla donde hace un rato se sentó y se dirige hacia mí.
—¿Ya?—asiente.—Genial, ahora le enseñaré dónde está la salida.—rueda los ojos, y eso hace que me hierba la sangre.—No vuelvas a hacer eso.—mascullo.
Frunce su ceño ligeramente.
—¿El qué?—pregunta extrañada.
—Rodar los ojos. Nunca, repito, nunca vuelvas a hacer eso. Claro si no me quieres tocar más las pelotas.—doy un gran sorbo a la botella y salgo del despacho, seguido de la preciosa castaña.
Llegamos a la entrada y abro la puerta, apoyándome en ésta.
—Bueno...—suspiro. Ella sale y se gira hacia mí.—Nos vemos el Lunes.—asiente y se gira de nuevo, dispuesta a irse.—Espera.—se gira de nuevo, mirándome curiosa. Me acerco a ella y la agarro por la cintura, acercándola hacia mí, pegando su cuerpo con el mío. Tiene su mirada puesta en mis labios. Buena señal...—No te vayas.—susurro. Me mira a los ojos y esta vez yo miro sus labios.
—Justin...
—Por favor. No te ataré a la cama, ni te dilataré tu precioso ano. Sólo quiero saber cómo se siente un hombre al estar dentro de ese cuerpo tan precioso.—muerdo mi labio con fuerza.
Oigo un golpe seco, ha dejado el maletín en el suelo. Pone sus brazos en mis hombros, y pronto unas manos delgadas y finas están acariciando mi pelo.
—Ni siquiera me conoces...
—Tenemos mucho tiempo para hacerlo, ahora trabajas conmigo.—mis manos bajan a su trasero, lo aprieto con mi mano libre y suelta un leve gemido.
—¿Te enfadaste antes?—salta de pronto. Frunzo mi ceño.
—¿Cuándo?
—Cuando te dije que dijese lo que dijese, ibas a hacer lo que quisieras... Me soltaste y fuiste un borde conmigo.—se encoge de hombros.
—Oh, un tema personal del que no me gustaría hablar ahora.—digo quitándole importancia.—Y siento haber sido un gilipollas contigo. Lo soy con todas que pasan por mi cama, y no me refiero a que seas una más. Tú eres... diferente. Y no sabía lo que decía hasta que me di cuenta que eras diferente, ____.—tenso mi mandíbula.
Una tímida sonrisa asoma por sus labios, sonrío.
—Just- Oh, ¿interrumpo algo?—giro mi cabeza, viendo a Jazzy mirándonos pícara.
—Jazzy, ¿qué coño haces aquí? ¿No estabas con tus amigas?—me separo de ____ y me giro a mi hermana.
—Bueno, vine hace un rato.—se encoge de hombros. Se acerca a ____.—Yo soy Jazzy Bieber, hermana de este hombre tan sexy.—le da un beso en la mejilla, el cual ella acepta y se lo devuelve.
—Yo soy ____ Fischer, abogada de tu hermano.—sonríe y humedezco mis labios con deseo.
—Ya, pues la escena que acabo de ver no es para que me haga pensar que eres abogada de mi hermano.—ríe y bufo.
—Jazzy, ¿no tienes nada que hacer?—la agarro del brazo y la giro hacia mí.
—Sí, os dejo solos para "hablar".—hace comillas en el aire y niego con la cabeza.—Adiós. Que lo paséis bien, ¡uno a mi salud!—sale de mi casa y se aleja a paso ligero.
—Me tengo que ir.—coge su maletín y me mira.
Hago una mueca y  me acerco a ella, sin más tiempo que perder, pego mis labios a los suyos.
Ella se queda quieta, cuando me responde al beso dejando paso a mi lengua y dejando entrar la suya en mi boca.
El contacto es justo, nuestros labios parecen hechos a medida. La sangre me hierbe del deseo, mi corazón bombea la sangre con fuerza, deseando que mi pene la folle salvajemente.
Me separo de ella, aún pegados.
—Déjame follarte, ____. No te arrepentirás.—susurro.
—Me tengo que ir.—se separa de mí.—Da gracias a que necesito el dinero, sino ya habría dimitido de sobra, Bieber.—me guiña un ojo y se gira, alejándose de mí... Y dejándome con un calentón de mil demonios.

Narras tú.

Salgo del baño, enrollando una toalla blanca alrededor de mi cuerpo. Mi pelo mojado cae sobre mis hombros, molestándome.
Mi móvil empieza a sonar, corro hacia la mesita de noche de mi cuarto y agarro mi móvil, contestando.
—¿Diga?
—Hermanita, ¿cómo te fue con Bieber?—la voz de Adam me pone nerviosa.
—Oh, pues bien.—contesto sin más.
—¿Y ya? ¿Qué habéis hecho?—insiste el cotilla de mi hermano.
—Pues, me enseñó las denuncias de otras empresas y demás, no mucho, luego me vine a casa.—no quiero darle detalles de lo ocurrido...
—Bien, pero ten cuidado con él. Ya sabes lo que te dije el otro día ____. No piques en su anzuelo.—me advierte. Mi pecho se contrae.—Te tengo que dejar. Mañana te llamo, te quiero fea.—sonrío.
—Adiós tonto.—ríe y cuelgo.


Rebecca empieza a reír sin parar, mientras que yo espero que su ataque de risa pare de una maldita vez.
—Becca no es un tema para reírse.—digo cruzada de brazos.
—¡Oh vamos! Te ató al cabecero de su cama y tú tan normal. ¡Yo me lo hubiera follado! Si es que eres tonta eh. Desde Marcos no has levantado cabeza.—su risa cesa y la miro molesta.
—No menciones a ese estúpido, por favor.—suspiro.—Y lo siento, pero no soy como tú, no puedo usar a los tíos como si fueran pañuelos...—me da un leve codazo.
—Bieber es igual, sabes. Usa a las tías para que se la meneen al tío.—se encoge de hombros.—Igual está como un quesito a sus 27 años.—muerde su labio y río leve.
—Estás muy salida.—niego con la cabeza y ella asiente.
—Ya me conoces.—se levanta del sofá.—Me voy ya buenorra, nos vemos mañana en la fiesta que dan los Bieber.—frunzo mi ceño.
—No voy a ir Becca.—me levanto y hecho mi pelo hacia un lado.
—Oh vamos, ¿por qué?—hace un puchero con su labio inferior. 
Suspiro y sacudo mi cabeza.
—Ya veré, si eso te llamo, ¿sí?—asiente y nos abrazamos.—Adiós pelirroja.
—Adiós buenorra.—me da un beso sonoro en la mejilla y la acompaño hasta la puerta. 

·

Me muevo una y otra vez en el sofá, sin saber cómo quedar tumbada. Hasta que oigo mi móvil sonar. Veo que está en la mesa donde está la lámpara que compré cuando me mudé a este piso.
Lo alcanzo y miro la pantalla. "Desconocido". Frunzo el ceño ligeramente y descuelgo, colocándome el móvil en la oreja.
—¿Diga?—contesto curiosa.
—____, ¿qué tal estás?—esa voz... hijo de su madre.
—¿Justin?
—El mismo.—oigo cómo ríe en susurro, poniendo mi piel de gallina.
—¿Cómo conseguiste mi número?
—Tu hermano me lo dio.—dice con naturalidad.
Bufo y empiezo a jugar con un mechón de mi pelo.
—Sí, ¿querías algo pues?
—Sí, obviamente quería comentarte una idea que se me acaba de ocurrir, cariño.—su voz atraviesa mi cuerpo como una flecha.—Es una especie de "juego".—puedo notar las comillas en la última palabra.
—¿Qué?—me tiene que estar vacilando.
—Quiero que te toques para mí, ____. Quiero oír cómo te corres usualmente, tus gemidos...—abro los ojos lo más que puedo, sin creerme lo que acabo de escuchar.
—¿Perdón?
—Oh cielo, sólo dame ese privilegio.—trago saliva y sacudo mi cabeza.
—Adiós Justin.—y cuelgo.

Y es que no sé si estoy enfadada, o cachonda perdida por el "juego" de Justin... Mierda.

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RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo.

Jeje, siento el retraso joder. Soy una mala escritora, no os puedo seguir haciendo esperar... Sé que jode.
Espero que os haya gustado, como veis ya empieza la "acción".... porno.
Justin es muy atrevido y no se anda con tonterías, él va a saco y no va a parar hasta conseguir que rayita se baje las bragas ante él... Así que, eso.

Por favor, conseguirme lectoras. Por favor!!!

También podéis leer esta novela en wattpad: http://www.wattpad.com/story/10456868-the-sinner
Y con que la segunda temporada de "The Gangster".... No sé cuándo podré subir. Estoy muy liada y apenas puedo subir capítulos seguidos, puto instituto.
Espero que no dejéis de leerla por tardar en subir, entender que tengo 4 novelas a la vez en proceso.

Gracias por leer y espero vuestros comentarios y votos en las reacciones de abajo. ¡Os amo!

-Donna

sábado, 18 de enero de 2014

Capítulo 2

Aclaración: Barbara es una prostituta/stripper. ____(tú) es la prota(Barbara Palvin). De nada.

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Abro los ojos, despertándome e inclinándome para apoyar mis codos en la cama.
Me dejo caer de nuevo en mi cama y cierro los ojos, cansado.

—Toma el hielo, pero no entiendo por qué lo quieres.—la miro extrañado. Sonríe y se levanta.
—Túmbate.—lo hago y veo como coge un hielo de la cubitera.—Quítate la camisa.—lo hago y tiro la camisa a un lado de la cama. Ella se sienta en mi cadera y pone el hielo frío en mi abdomen. Un escalofrío entra por mi espina dorsal, así esparciéndose por todo mi cuerpo. Se inclina un poco y coge el hielo con sus labios, formando en estos una O.
Empieza así a frotarlo por mi abdomen, con sus labios. Noto un calor en mi cuerpo, y tendría que ser al revés, ¿no?
Para de frotarlo y se saca el hielo de la boca, para meterlo ahora bajo sus bragas. Gime al momento de meterlo y se abalanza a besarme. Besos pegajosos y fríos, también a la vez calientes.
Gime de nuevo, en mis labios. Poniéndome más palote aún.
Se separa y sus pinta labios sigue intacto, después del besaco que nos acabamos de dar.
—El hielo, por muy frío que sea, hace que una persona se caliente más de lo normal.—me guiña un ojo y muerdo mi labio.


Termino de vestirme y rasco un poco mis genitales, los tengo fríos... Ya sabéis.
Me pongo la americana y me coloco bien el cuello de la camisa. Agarro la asa del maletín que está en la silla sueca que me compré cuando fui de viaje a Suecia, y salgo de mi habitación.

·

—Si no me pagas lo que te pedí hace una jodida semana, juro que con una puta llamada hago que te maten.—me encojo de hombros, con mis manos dentro de los bolsillos de mis pantalones.
—No tengo el dinero, es mucha cantidad señor Bieber.—niego con la cabeza, viendo cómo me ruega.
—Lo siento, pero tuviste una puta semana para conseguirme los cien mil dólares. Si no los tienes no es mi problema, así que....—me giro y me voy sin más.


Firmo unos cuantos de informes más y agarro el vaso lleno de vodka, dándole un gran trago, notando como el alcohol calienta mi garganta y mi pecho a los pocos segundos. Suelto un suspiro, dejando el vaso donde estaba.
Froto mis ojos y termino de leer y firmar cada puto informe que me estaba tocando las pelotas a dos manos. Los coloco bien a un lado y me termino de beber el vodka.

Llaman a la puerta y aparece Anastasia.
—¿Qué quieres Anastasia?—pregunto, mirándola desde mi silla.
—Adam ha llegado con su hermana.
—Ah sí, que pasen.—me levanto y asiente. Llevo el vaso vacío a la mesita donde están las bebidas y froto mis ojos con cansancio.
—Bieber hay que descansar bien, hombre.—Me giro al oír la voz de mi amigo. Pero mi mirada se posa en la chica preciosa a su lado.
Arqueo las cejas y miro a Adam, que tiene sus labios metidos en su boca mientras me mira.
Se crea un silencio incómodo, frunzo mi ceño y Adam ríe, rompiendo ese silencio.
—Bueno, nena, él es mi amigo Justin. Bro, ella es mi hermana pequeña, ____.—nos presenta.
—Un placer conocerte, Justin.—se acerca un poco y me tiende su mano derecha.
Humedezco mis labios y sonrío.
—El placer es mío, ____.—Agarro su mano y me inclino un poco, besando su mano mientras la miro a sus ojos azules.
Me incorporo y suelto su mano. Sus mejillas empiezan a tener un color rojizo precioso y adorable.
Sonríe y esconde un mechón de su pelo castaño tras su oreja izquierda.
—Pues eso, que mi hermana será tu nueva abogada.—Adam interviene de nuevo. Lo miro y asiento.
—Vamos a llevarnos muy bien, lo presiento ____.—sonrío y vuelvo la vuelvo a mirar.
Suelta una risita tímida y muerdo mi labio inferior con disimulo.
—Os dejo hablar sobre los asuntos de los que probablemente yo no entienda.—mi amigo se encoge de hombros.—Adiós Justin, hermanita.—nos mira a cada uno y luego se gira, caminando hacia la puerta. Yéndose. Por fin. Pienso.
Dirijo mi mirada hacia la preciosa ____. Ésta me mira y al momento baja la mirada hacia el suelo.
—Bueno señorita Fischer, ¿qué tal si dejamos este silencio incómodo y nos conocemos un poco mejor? Ya sabe, para que no se ponga tan colorada cada vez que la mire.—Va a decir algo, pero cierra su boca. 

Esa boca tan sumamente apetitosa a la vista. Cómo me gustaría follársela hasta que vomite, joder. Sus labios delgados y gruesos a la vez, un color rojizo y rosado especialmente único y adictivo para ver. Su labio superior está algo más levantado, la esquina de la forma de corazón del labio, y eso hace que me la imagine gimiendo, mientras cabalga una y otra vez encima de mi miembro erecto y caliente.

Asiente tímidamente y cogemos asiento en una parte de mi despacho donde hay dos sillones de cuero marrones claros junto a una pequeña mesa de café alemana.
—¿Quieres tomar algo?—pregunto antes de levantarme.
—Si puede ser un poco de agua, por favor.—me dedica una sonrisa y se la devuelvo. Asiento y me levanto.

Narras tú.

Se levanta y pasa por mi lado, suponiendo que se lo pedirá a su secretaria. Una oleada de perfume me da en la cara, dejándome en las nubes.
Veo que no dejo de mover mi pierna derecha, estoy muy nerviosa. Para qué mentir, soy demasiado tímida y estas cosas me ponen de los nervios.
A los dos minutos vuelve con un vaso de agua y otro de alcohol.
—Toma.—me pone el vaso en frente, sobre la mesa de café.
—Gracias.—sonrío y veo como se sienta en el sillón de mi lado. Miro cada movimiento con algo de disimulo.
Con su vaso en la mano, se apaña con la otra mano libre para estirar su chaqueta , que hace unos momentos, al sentarse se arrugó un poco por el lateral.
Le da un trago al contenido del vaso y lo deja en la mesa. Me mira y miro hacia mi vaso de agua, que está sobre la mesa.
—Haber ____, dime qué te gusta aparte de salvar a algunas personas para que no vayan a la cárcel.—cojo el vaso y le doy un trago al agua, lo dejo de nuevo en la mesa y miro a Justin.
—Pues, depende a qué se refiera usted. Ya me dijo mi hermano que a usted le gusta mucho hablar de.... sexo.genial ____, te acabas de lucir hija. Me dice mi subconsciente.
Arquea las cejas y sus comisuras tiran a una sonrisa, mostrando su blanqueada dentadura. Suelta una carcajada.
—Vaya, no me esperaba eso.—dice mientras su carcajada cesa.—Y tutéame.—esto último lo dice con una sonrisa torcida, pero realmente seductora.
—Oh claro.—humedezco mis labios nerviosamente.
—Vaya...—se queda mirándome fijamente mientras sonríe aún.
—¿Qué ocurre?—pregunto curiosa al saber su respuesta. 
—Tienes un tick, bueno, dos. ¿Estás nerviosa?—pregunta él esta vez.
—Un poco...—mi voz suena en un hilo de voz.
—Es que, te has humedecido los labios cinco veces y has arqueado la ceja izquierda unas cuatro. Y eso me parece excitante. Que una mujer tenga estas facetas al estar nerviosas o no saben qué decir.—humedece sus labios gruesos no muy típicos en personas blancas, dejándome anonadada.
Excitante. Dios mío. Mi subconsciente está sufriendo, al igual que yo.
—Bueno, cuéntame sobre ti. Vayámonos conociendo mejor, señorita Fischer.—agarra su vaso de alcohol y le da un trago bastante largo, dejando el vaso medio vacío. Lo vuelve a dejar sobre la mesa y su mirada se dirige a mis piernas por un segundo, luego va subiendo, mirando con detalle todo mi cuerpo. Y no me molesta....
Llega a mi pecho, lo estoy mirando sin disimulo y sigue mirándome como si nada. Muerde su labio descuidadamente y al fin llega a mi cara, a mis ojos.
—Pues, me gusta la fotografía, leer me encanta y poco más. No puedo tener tantas cosas en mi cabeza, tengo un trabajo que es un no parar en todo el día, señor Bieber.—asiente, de acuerdo conmigo.
—Cierto, yo tampoco es que tenga muchos entretenimientos. Sólo tengo, algunos... variados.—se encoge de hombros ligeramente.
—¿Podría saber esos entretenimientos? Ya sabes, para tener más confianza.mierda, ahora creerá que eres una cotilla. Mi subconsciente vuelve a hablar tras mi cabeza. Cállate. Pienso.
Sonríe abiertamente y asiente, inclinándose un poco hacia mí.
—Acércate.—y lo hago, noto su aliento en mi oreja, y eso me excita.—El sexo es algo que realmente nos gusta a todos, hay dos equipos; a los que se le dan peor y a los que se le dan mejor... Bueno, pues yo soy del segundo equipo. Si quieres puedo mostrátelo, querida. Cualquier día. Sólo llámame y pues me lo dices, tan simple como eso.—noto su mano en mi barbilla y me la gira, mirando hacia él. Quedando completamente cerca de su cara. Trago saliva.
Suspiro, sin saber qué decir o qué hacer.
—Nada más verte en mi despacho al principio, se me han ocurrido varias cosas para hacer contigo, ____.—dice cerca de mi boca. Tan cerca que me dan ganas de besarlo.—Y créeme, en mi casa tengo unos juguetitos para las preciosas damas como tú. Juguetes que te harían querer más y más, y yo te lo daría. No quiero que pienses que soy un pervertido, dios me trajo por una sola razón, cariño.
—¿Para qué?—me atrevo a hablar teniéndolo tan cerca. 
—Para dar placer a aquellas mujeres que lo necesiten. Para castigar o recompensar. ¿Sabes qué es una bala de plata?—niego con la cabeza, sonríe.—Una especie de vibrador. La cosa más placentera para una mujer. Es como una bala de verdad. Se introduce hasta el punto G de la mujer y tiene un control. Tú puedes elegir a qué velocidad vaya.

Aclaro mi garganta. 

—¿Qué si vienes a mi casa? Allí tengo en mi despacho todos los documentos sobre los problemas que tuve con varias empresas. Los muy hijos de puta me quieren dejar fuera de todo, pero no tienen ni puta idea de con quién se meten.—se aleja de mí y agarra su vaso. Terminando de beber el alcohol en éste.—¿Qué me dices?—me mira dejando el vaso en la mesa y pasando su mano derecha por su tupé.
Oh dios mío, ¿qué si lo que quiere es demostrarte ese entretenimiento suyo? Estaba extrañando ya a mi subconsciente...
—Claro. ¿Cuál es tu direc-
—Oh no, te vienes luego conmigo. Te espero abajo, en la entrada del edificio a las 15:30.—se levanta del sillón y yo hago lo mismo. 
—Está bien.—digo sin más remedio.
Me mira con cierta picardía, haciendo que mis colores vuelvan a subir a mis mejillas.
—Entonces, nos vemos después, ¿de acuerdo?—me tiende su mano izquierda, y se la tomo. Cuando hace lo mismo que antes, dando un beso en mi mano derecha. La suelta con paciencia y me guiña un ojo.
Asiento y me giro, andando con rapidez a la puerta. Salgo y cierro detrás de mí, mientras me apoyo en esta, soltando todo el aire que había acumulado.

·

—Adam, no sé si debería ir o-
—Oh vamos, ____ llevabas esperando un caso importante en el que pagasen bien. Bieber tiene muchos problemas con gente muy importante y él estará dispuesto a pagarte lo necesario por tal de salvarle el culo.—me mira fijamente. Muerdo mi labio superior, sin saber qué hacer.—¿Qué ha pasado?—veo cómo frunce su ceño.
Suspiro pesadamente y me encojo de hombros.
—Me voy, ya son y vente. Adiós.—salgo de su despacho y camino hacia el ascensor. Llamo a éste con el botón y a los 2 minutos las puertas se abren, dejándome ver a Justin dentro.
Y no entiendo el por qué de contener la respiración.
—Anda, ____ qué casualidad.—sonríe y se mueve hacia un lado, dejándome espacio.
—Sí.—suelto una risa tímida y entro. Justin presiona el botón de la última planta, el vestíbulo y las puertas se cierran.
El silencio se apodera de la situación. Miro hacia el frente, intentando evitar alguna conversación con él. Los cinco pisos se me hacen jodidamente eternos.
Las puertas al fin se abren y ninguno de los dos nos movemos.
—Sal primero.—me hace un gesto con su mano izquierda. 
—Gracias.—escondo un mechón de mi pelo tras mi oreja derecha y salgo. Qué caballero. Pienso. Sí, y qué mojabragas. Mi subconsciente vuelve a hablar. Oh cállate. Pienso.
Acomodo mi bolso a mi hombro y Justin a los segundos aparece a mi lado.
—Bueno, pues vamos.—habla con su seductora y ronca voz. Asiento, dedicándole una sonrisa. Me sonríe y empezamos a andar.

Narra Justin.

Dejo el montón de carpetas en la mesa, frente a ella.
—Vaya, ¿qué contienen?—pregunta curiosa, cogiendo la primera carpeta.
—Multas, demandas, etc.—suspiro y me encojo de hombros. Me mira sombrada.
—Si que te odian.—dice con cierto humor, el cual me lo tomo a bien. Río leve.
—Sí, demasiado.—ríe esta vez ella y sonrío.
Abre la carpeta y empieza a leer con atención.
—¿Tráfico de drogas?—levanta la vista a mí. Asiento.—¿Es cierto o-
—No, se inventaron que tenía un bando de traficantes para hundirme en la miseria. Ni siquiera tenían pruebas y el juez no dudó un sólo segundo, condenaron al que me denunció por diez años de prisión.—miento.
Asiente y vuelve a la carpeta. La cierra y la deja encima del montón. Me mira y sonríe, le devuelvo la sonrisa.
—¿Quieres tomar algo?—pregunto de repente.
—No, no. Es más, me voy a ir yendo ya...—humedece sus labios y frunce su ceño levemente. 
—Oh, ¿tan pronto te vas?—me acerco a ella a paso lento. 
—Ehm, bueno, sí.—dice con cierto rubor.
Me paro frente a ella y la agarro por la barbilla.
—Te has tomado demasiado a pecho lo sucedido en mi despacho, ¿cierto?—me mira con lujuria, lo noto.
—No, yo sólo...
—Shh, quédate un poco más, quiero conocerte mejor ____.—llevo mi mano a su mejilla y la acaricio suavemente.
Suspira y esconde sus labios en su boca.
—¿Recuerdas la bala de plata?—noto como traga saliva y sonrío de lado.—Si me dejas, puedo enseñarte a cómo usarla. 

_

RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo 

¡Por fin estoy aquí! 
Sí, sé que tardé mucho, pero tengo una vida también, saben. Y pues necesito espacio vital.
A cada rato estoy escribiendo un poco de cada novela para no dejar ninguna atrás, así que...

Voy a tardar siempre en subir, pero prometo que en cada capítulo pasará algo aodibnsoarg y pues eso, que os pido paciencia.

Gracias por los 37 RT's, sois increíbles. Y que también tenéis la novela en wattpad, por si queréis leerla allí: http://www.wattpad.com/story/10456868-the-sinner

Recomendarme porfa, quiero ver hasta qué punto puede llegar esta novela.
Ya sabéis, dejarme un comentario por blog o por twitter con vuestra opinión y votar en las reacciones de abajo. 

¡Os quiero!

-Donna