-
Abro los ojos, despertándome e inclinándome para apoyar mis codos en la cama.
Me dejo caer de nuevo en mi cama y cierro los ojos, cansado.
—Toma el hielo, pero no entiendo por qué lo quieres.—la miro extrañado. Sonríe y se levanta.
—Túmbate.—lo hago y veo como coge un hielo de la cubitera.—Quítate la camisa.—lo hago y tiro la camisa a un lado de la cama. Ella se sienta en mi cadera y pone el hielo frío en mi abdomen. Un escalofrío entra por mi espina dorsal, así esparciéndose por todo mi cuerpo. Se inclina un poco y coge el hielo con sus labios, formando en estos una O.
Empieza así a frotarlo por mi abdomen, con sus labios. Noto un calor en mi cuerpo, y tendría que ser al revés, ¿no?
Para de frotarlo y se saca el hielo de la boca, para meterlo ahora bajo sus bragas. Gime al momento de meterlo y se abalanza a besarme. Besos pegajosos y fríos, también a la vez calientes.
Gime de nuevo, en mis labios. Poniéndome más palote aún.
Se separa y sus pinta labios sigue intacto, después del besaco que nos acabamos de dar.
—El hielo, por muy frío que sea, hace que una persona se caliente más de lo normal.—me guiña un ojo y muerdo mi labio.
Termino de vestirme y rasco un poco mis genitales, los tengo fríos... Ya sabéis.
Me pongo la americana y me coloco bien el cuello de la camisa. Agarro la asa del maletín que está en la silla sueca que me compré cuando fui de viaje a Suecia, y salgo de mi habitación.
·
—Si no me pagas lo que te pedí hace una jodida semana, juro que con una puta llamada hago que te maten.—me encojo de hombros, con mis manos dentro de los bolsillos de mis pantalones.
—No tengo el dinero, es mucha cantidad señor Bieber.—niego con la cabeza, viendo cómo me ruega.
—Lo siento, pero tuviste una puta semana para conseguirme los cien mil dólares. Si no los tienes no es mi problema, así que....—me giro y me voy sin más.
Firmo unos cuantos de informes más y agarro el vaso lleno de vodka, dándole un gran trago, notando como el alcohol calienta mi garganta y mi pecho a los pocos segundos. Suelto un suspiro, dejando el vaso donde estaba.
Froto mis ojos y termino de leer y firmar cada puto informe que me estaba tocando las pelotas a dos manos. Los coloco bien a un lado y me termino de beber el vodka.
Llaman a la puerta y aparece Anastasia.
—¿Qué quieres Anastasia?—pregunto, mirándola desde mi silla.
—Adam ha llegado con su hermana.
—Ah sí, que pasen.—me levanto y asiente. Llevo el vaso vacío a la mesita donde están las bebidas y froto mis ojos con cansancio.
—Bieber hay que descansar bien, hombre.—Me giro al oír la voz de mi amigo. Pero mi mirada se posa en la chica preciosa a su lado.
Arqueo las cejas y miro a Adam, que tiene sus labios metidos en su boca mientras me mira.
Se crea un silencio incómodo, frunzo mi ceño y Adam ríe, rompiendo ese silencio.
—Bueno, nena, él es mi amigo Justin. Bro, ella es mi hermana pequeña, ____.—nos presenta.
—Un placer conocerte, Justin.—se acerca un poco y me tiende su mano derecha.
Humedezco mis labios y sonrío.
Llaman a la puerta y aparece Anastasia.
—¿Qué quieres Anastasia?—pregunto, mirándola desde mi silla.
—Adam ha llegado con su hermana.
—Ah sí, que pasen.—me levanto y asiente. Llevo el vaso vacío a la mesita donde están las bebidas y froto mis ojos con cansancio.
—Bieber hay que descansar bien, hombre.—Me giro al oír la voz de mi amigo. Pero mi mirada se posa en la chica preciosa a su lado.
Arqueo las cejas y miro a Adam, que tiene sus labios metidos en su boca mientras me mira.
Se crea un silencio incómodo, frunzo mi ceño y Adam ríe, rompiendo ese silencio.
—Bueno, nena, él es mi amigo Justin. Bro, ella es mi hermana pequeña, ____.—nos presenta.
—Un placer conocerte, Justin.—se acerca un poco y me tiende su mano derecha.
Humedezco mis labios y sonrío.
—El placer es mío, ____.—Agarro su mano y me inclino un poco, besando su mano mientras la miro a sus ojos azules.
Me incorporo y suelto su mano. Sus mejillas empiezan a tener un color rojizo precioso y adorable.
Sonríe y esconde un mechón de su pelo castaño tras su oreja izquierda.
—Pues eso, que mi hermana será tu nueva abogada.—Adam interviene de nuevo. Lo miro y asiento.
—Vamos a llevarnos muy bien, lo presiento ____.—sonrío y vuelvo la vuelvo a mirar.
Suelta una risita tímida y muerdo mi labio inferior con disimulo.
—Os dejo hablar sobre los asuntos de los que probablemente yo no entienda.—mi amigo se encoge de hombros.—Adiós Justin, hermanita.—nos mira a cada uno y luego se gira, caminando hacia la puerta. Yéndose. Por fin. Pienso.
Dirijo mi mirada hacia la preciosa ____. Ésta me mira y al momento baja la mirada hacia el suelo.
—Bueno señorita Fischer, ¿qué tal si dejamos este silencio incómodo y nos conocemos un poco mejor? Ya sabe, para que no se ponga tan colorada cada vez que la mire.—Va a decir algo, pero cierra su boca.
Esa boca tan sumamente apetitosa a la vista. Cómo me gustaría follársela hasta que vomite, joder. Sus labios delgados y gruesos a la vez, un color rojizo y rosado especialmente único y adictivo para ver. Su labio superior está algo más levantado, la esquina de la forma de corazón del labio, y eso hace que me la imagine gimiendo, mientras cabalga una y otra vez encima de mi miembro erecto y caliente.
Asiente tímidamente y cogemos asiento en una parte de mi despacho donde hay dos sillones de cuero marrones claros junto a una pequeña mesa de café alemana.
—¿Quieres tomar algo?—pregunto antes de levantarme.
—Si puede ser un poco de agua, por favor.—me dedica una sonrisa y se la devuelvo. Asiento y me levanto.
Narras tú.
Se levanta y pasa por mi lado, suponiendo que se lo pedirá a su secretaria. Una oleada de perfume me da en la cara, dejándome en las nubes.
Veo que no dejo de mover mi pierna derecha, estoy muy nerviosa. Para qué mentir, soy demasiado tímida y estas cosas me ponen de los nervios.
A los dos minutos vuelve con un vaso de agua y otro de alcohol.
—Toma.—me pone el vaso en frente, sobre la mesa de café.
—Gracias.—sonrío y veo como se sienta en el sillón de mi lado. Miro cada movimiento con algo de disimulo.
Con su vaso en la mano, se apaña con la otra mano libre para estirar su chaqueta , que hace unos momentos, al sentarse se arrugó un poco por el lateral.
Le da un trago al contenido del vaso y lo deja en la mesa. Me mira y miro hacia mi vaso de agua, que está sobre la mesa.
—Haber ____, dime qué te gusta aparte de salvar a algunas personas para que no vayan a la cárcel.—cojo el vaso y le doy un trago al agua, lo dejo de nuevo en la mesa y miro a Justin.
—Pues, depende a qué se refiera usted. Ya me dijo mi hermano que a usted le gusta mucho hablar de.... sexo.—genial ____, te acabas de lucir hija. Me dice mi subconsciente.
Arquea las cejas y sus comisuras tiran a una sonrisa, mostrando su blanqueada dentadura. Suelta una carcajada.
—Vaya, no me esperaba eso.—dice mientras su carcajada cesa.—Y tutéame.—esto último lo dice con una sonrisa torcida, pero realmente seductora.
—Oh claro.—humedezco mis labios nerviosamente.
—Vaya...—se queda mirándome fijamente mientras sonríe aún.
—¿Qué ocurre?—pregunto curiosa al saber su respuesta.
—Tienes un tick, bueno, dos. ¿Estás nerviosa?—pregunta él esta vez.
—Un poco...—mi voz suena en un hilo de voz.
—Es que, te has humedecido los labios cinco veces y has arqueado la ceja izquierda unas cuatro. Y eso me parece excitante. Que una mujer tenga estas facetas al estar nerviosas o no saben qué decir.—humedece sus labios gruesos no muy típicos en personas blancas, dejándome anonadada.
Excitante. Dios mío. Mi subconsciente está sufriendo, al igual que yo.
—Bueno, cuéntame sobre ti. Vayámonos conociendo mejor, señorita Fischer.—agarra su vaso de alcohol y le da un trago bastante largo, dejando el vaso medio vacío. Lo vuelve a dejar sobre la mesa y su mirada se dirige a mis piernas por un segundo, luego va subiendo, mirando con detalle todo mi cuerpo. Y no me molesta....
Llega a mi pecho, lo estoy mirando sin disimulo y sigue mirándome como si nada. Muerde su labio descuidadamente y al fin llega a mi cara, a mis ojos.
—Pues, me gusta la fotografía, leer me encanta y poco más. No puedo tener tantas cosas en mi cabeza, tengo un trabajo que es un no parar en todo el día, señor Bieber.—asiente, de acuerdo conmigo.
—Cierto, yo tampoco es que tenga muchos entretenimientos. Sólo tengo, algunos... variados.—se encoge de hombros ligeramente.
—¿Podría saber esos entretenimientos? Ya sabes, para tener más confianza.—mierda, ahora creerá que eres una cotilla. Mi subconsciente vuelve a hablar tras mi cabeza. Cállate. Pienso.
Sonríe abiertamente y asiente, inclinándose un poco hacia mí.
—Acércate.—y lo hago, noto su aliento en mi oreja, y eso me excita.—El sexo es algo que realmente nos gusta a todos, hay dos equipos; a los que se le dan peor y a los que se le dan mejor... Bueno, pues yo soy del segundo equipo. Si quieres puedo mostrátelo, querida. Cualquier día. Sólo llámame y pues me lo dices, tan simple como eso.—noto su mano en mi barbilla y me la gira, mirando hacia él. Quedando completamente cerca de su cara. Trago saliva.
Suspiro, sin saber qué decir o qué hacer.
—Nada más verte en mi despacho al principio, se me han ocurrido varias cosas para hacer contigo, ____.—dice cerca de mi boca. Tan cerca que me dan ganas de besarlo.—Y créeme, en mi casa tengo unos juguetitos para las preciosas damas como tú. Juguetes que te harían querer más y más, y yo te lo daría. No quiero que pienses que soy un pervertido, dios me trajo por una sola razón, cariño.
—¿Para qué?—me atrevo a hablar teniéndolo tan cerca.
—Para dar placer a aquellas mujeres que lo necesiten. Para castigar o recompensar. ¿Sabes qué es una bala de plata?—niego con la cabeza, sonríe.—Una especie de vibrador. La cosa más placentera para una mujer. Es como una bala de verdad. Se introduce hasta el punto G de la mujer y tiene un control. Tú puedes elegir a qué velocidad vaya.
Aclaro mi garganta.
—¿Qué si vienes a mi casa? Allí tengo en mi despacho todos los documentos sobre los problemas que tuve con varias empresas. Los muy hijos de puta me quieren dejar fuera de todo, pero no tienen ni puta idea de con quién se meten.—se aleja de mí y agarra su vaso. Terminando de beber el alcohol en éste.—¿Qué me dices?—me mira dejando el vaso en la mesa y pasando su mano derecha por su tupé.
Oh dios mío, ¿qué si lo que quiere es demostrarte ese entretenimiento suyo? Estaba extrañando ya a mi subconsciente...
—Claro. ¿Cuál es tu direc-
—Oh no, te vienes luego conmigo. Te espero abajo, en la entrada del edificio a las 15:30.—se levanta del sillón y yo hago lo mismo.
—Está bien.—digo sin más remedio.
Me mira con cierta picardía, haciendo que mis colores vuelvan a subir a mis mejillas.
—Entonces, nos vemos después, ¿de acuerdo?—me tiende su mano izquierda, y se la tomo. Cuando hace lo mismo que antes, dando un beso en mi mano derecha. La suelta con paciencia y me guiña un ojo.
Asiento y me giro, andando con rapidez a la puerta. Salgo y cierro detrás de mí, mientras me apoyo en esta, soltando todo el aire que había acumulado.
·
—Adam, no sé si debería ir o-
—Oh vamos, ____ llevabas esperando un caso importante en el que pagasen bien. Bieber tiene muchos problemas con gente muy importante y él estará dispuesto a pagarte lo necesario por tal de salvarle el culo.—me mira fijamente. Muerdo mi labio superior, sin saber qué hacer.—¿Qué ha pasado?—veo cómo frunce su ceño.
Suspiro pesadamente y me encojo de hombros.
—Me voy, ya son y vente. Adiós.—salgo de su despacho y camino hacia el ascensor. Llamo a éste con el botón y a los 2 minutos las puertas se abren, dejándome ver a Justin dentro.
Y no entiendo el por qué de contener la respiración.
—Anda, ____ qué casualidad.—sonríe y se mueve hacia un lado, dejándome espacio.
—Sí.—suelto una risa tímida y entro. Justin presiona el botón de la última planta, el vestíbulo y las puertas se cierran.
El silencio se apodera de la situación. Miro hacia el frente, intentando evitar alguna conversación con él. Los cinco pisos se me hacen jodidamente eternos.
Las puertas al fin se abren y ninguno de los dos nos movemos.
—Sal primero.—me hace un gesto con su mano izquierda.
—Gracias.—escondo un mechón de mi pelo tras mi oreja derecha y salgo. Qué caballero. Pienso. Sí, y qué mojabragas. Mi subconsciente vuelve a hablar. Oh cállate. Pienso.
Acomodo mi bolso a mi hombro y Justin a los segundos aparece a mi lado.
—Bueno, pues vamos.—habla con su seductora y ronca voz. Asiento, dedicándole una sonrisa. Me sonríe y empezamos a andar.
Narra Justin.
Dejo el montón de carpetas en la mesa, frente a ella.
—Vaya, ¿qué contienen?—pregunta curiosa, cogiendo la primera carpeta.
—Multas, demandas, etc.—suspiro y me encojo de hombros. Me mira sombrada.
—Si que te odian.—dice con cierto humor, el cual me lo tomo a bien. Río leve.
—Sí, demasiado.—ríe esta vez ella y sonrío.
Abre la carpeta y empieza a leer con atención.
—¿Tráfico de drogas?—levanta la vista a mí. Asiento.—¿Es cierto o-
—No, se inventaron que tenía un bando de traficantes para hundirme en la miseria. Ni siquiera tenían pruebas y el juez no dudó un sólo segundo, condenaron al que me denunció por diez años de prisión.—miento.
Asiente y vuelve a la carpeta. La cierra y la deja encima del montón. Me mira y sonríe, le devuelvo la sonrisa.
—¿Quieres tomar algo?—pregunto de repente.
—No, no. Es más, me voy a ir yendo ya...—humedece sus labios y frunce su ceño levemente.
—Oh, ¿tan pronto te vas?—me acerco a ella a paso lento.
—Ehm, bueno, sí.—dice con cierto rubor.
Me paro frente a ella y la agarro por la barbilla.
—Te has tomado demasiado a pecho lo sucedido en mi despacho, ¿cierto?—me mira con lujuria, lo noto.
—No, yo sólo...
—Shh, quédate un poco más, quiero conocerte mejor ____.—llevo mi mano a su mejilla y la acaricio suavemente.
Suspira y esconde sus labios en su boca.
—¿Recuerdas la bala de plata?—noto como traga saliva y sonrío de lado.—Si me dejas, puedo enseñarte a cómo usarla.
_
RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo
¡Por fin estoy aquí!
Sí, sé que tardé mucho, pero tengo una vida también, saben. Y pues necesito espacio vital.
A cada rato estoy escribiendo un poco de cada novela para no dejar ninguna atrás, así que...
Voy a tardar siempre en subir, pero prometo que en cada capítulo pasará algo aodibnsoarg y pues eso, que os pido paciencia.
Gracias por los 37 RT's, sois increíbles. Y que también tenéis la novela en wattpad, por si queréis leerla allí: http://www.wattpad.com/story/10456868-the-sinner
Recomendarme porfa, quiero ver hasta qué punto puede llegar esta novela.
Ya sabéis, dejarme un comentario por blog o por twitter con vuestra opinión y votar en las reacciones de abajo.
¡Os quiero!
-Donna
Me incorporo y suelto su mano. Sus mejillas empiezan a tener un color rojizo precioso y adorable.
Sonríe y esconde un mechón de su pelo castaño tras su oreja izquierda.
—Pues eso, que mi hermana será tu nueva abogada.—Adam interviene de nuevo. Lo miro y asiento.
—Vamos a llevarnos muy bien, lo presiento ____.—sonrío y vuelvo la vuelvo a mirar.
Suelta una risita tímida y muerdo mi labio inferior con disimulo.
—Os dejo hablar sobre los asuntos de los que probablemente yo no entienda.—mi amigo se encoge de hombros.—Adiós Justin, hermanita.—nos mira a cada uno y luego se gira, caminando hacia la puerta. Yéndose. Por fin. Pienso.
Dirijo mi mirada hacia la preciosa ____. Ésta me mira y al momento baja la mirada hacia el suelo.
—Bueno señorita Fischer, ¿qué tal si dejamos este silencio incómodo y nos conocemos un poco mejor? Ya sabe, para que no se ponga tan colorada cada vez que la mire.—Va a decir algo, pero cierra su boca.
Esa boca tan sumamente apetitosa a la vista. Cómo me gustaría follársela hasta que vomite, joder. Sus labios delgados y gruesos a la vez, un color rojizo y rosado especialmente único y adictivo para ver. Su labio superior está algo más levantado, la esquina de la forma de corazón del labio, y eso hace que me la imagine gimiendo, mientras cabalga una y otra vez encima de mi miembro erecto y caliente.
Asiente tímidamente y cogemos asiento en una parte de mi despacho donde hay dos sillones de cuero marrones claros junto a una pequeña mesa de café alemana.
—¿Quieres tomar algo?—pregunto antes de levantarme.
—Si puede ser un poco de agua, por favor.—me dedica una sonrisa y se la devuelvo. Asiento y me levanto.
Narras tú.
Se levanta y pasa por mi lado, suponiendo que se lo pedirá a su secretaria. Una oleada de perfume me da en la cara, dejándome en las nubes.
Veo que no dejo de mover mi pierna derecha, estoy muy nerviosa. Para qué mentir, soy demasiado tímida y estas cosas me ponen de los nervios.
A los dos minutos vuelve con un vaso de agua y otro de alcohol.
—Toma.—me pone el vaso en frente, sobre la mesa de café.
—Gracias.—sonrío y veo como se sienta en el sillón de mi lado. Miro cada movimiento con algo de disimulo.
Con su vaso en la mano, se apaña con la otra mano libre para estirar su chaqueta , que hace unos momentos, al sentarse se arrugó un poco por el lateral.
Le da un trago al contenido del vaso y lo deja en la mesa. Me mira y miro hacia mi vaso de agua, que está sobre la mesa.
—Haber ____, dime qué te gusta aparte de salvar a algunas personas para que no vayan a la cárcel.—cojo el vaso y le doy un trago al agua, lo dejo de nuevo en la mesa y miro a Justin.
—Pues, depende a qué se refiera usted. Ya me dijo mi hermano que a usted le gusta mucho hablar de.... sexo.—genial ____, te acabas de lucir hija. Me dice mi subconsciente.
Arquea las cejas y sus comisuras tiran a una sonrisa, mostrando su blanqueada dentadura. Suelta una carcajada.
—Vaya, no me esperaba eso.—dice mientras su carcajada cesa.—Y tutéame.—esto último lo dice con una sonrisa torcida, pero realmente seductora.
—Oh claro.—humedezco mis labios nerviosamente.
—Vaya...—se queda mirándome fijamente mientras sonríe aún.
—¿Qué ocurre?—pregunto curiosa al saber su respuesta.
—Tienes un tick, bueno, dos. ¿Estás nerviosa?—pregunta él esta vez.
—Un poco...—mi voz suena en un hilo de voz.
—Es que, te has humedecido los labios cinco veces y has arqueado la ceja izquierda unas cuatro. Y eso me parece excitante. Que una mujer tenga estas facetas al estar nerviosas o no saben qué decir.—humedece sus labios gruesos no muy típicos en personas blancas, dejándome anonadada.
Excitante. Dios mío. Mi subconsciente está sufriendo, al igual que yo.
—Bueno, cuéntame sobre ti. Vayámonos conociendo mejor, señorita Fischer.—agarra su vaso de alcohol y le da un trago bastante largo, dejando el vaso medio vacío. Lo vuelve a dejar sobre la mesa y su mirada se dirige a mis piernas por un segundo, luego va subiendo, mirando con detalle todo mi cuerpo. Y no me molesta....
Llega a mi pecho, lo estoy mirando sin disimulo y sigue mirándome como si nada. Muerde su labio descuidadamente y al fin llega a mi cara, a mis ojos.
—Pues, me gusta la fotografía, leer me encanta y poco más. No puedo tener tantas cosas en mi cabeza, tengo un trabajo que es un no parar en todo el día, señor Bieber.—asiente, de acuerdo conmigo.
—Cierto, yo tampoco es que tenga muchos entretenimientos. Sólo tengo, algunos... variados.—se encoge de hombros ligeramente.
—¿Podría saber esos entretenimientos? Ya sabes, para tener más confianza.—mierda, ahora creerá que eres una cotilla. Mi subconsciente vuelve a hablar tras mi cabeza. Cállate. Pienso.
Sonríe abiertamente y asiente, inclinándose un poco hacia mí.
—Acércate.—y lo hago, noto su aliento en mi oreja, y eso me excita.—El sexo es algo que realmente nos gusta a todos, hay dos equipos; a los que se le dan peor y a los que se le dan mejor... Bueno, pues yo soy del segundo equipo. Si quieres puedo mostrátelo, querida. Cualquier día. Sólo llámame y pues me lo dices, tan simple como eso.—noto su mano en mi barbilla y me la gira, mirando hacia él. Quedando completamente cerca de su cara. Trago saliva.
Suspiro, sin saber qué decir o qué hacer.
—Nada más verte en mi despacho al principio, se me han ocurrido varias cosas para hacer contigo, ____.—dice cerca de mi boca. Tan cerca que me dan ganas de besarlo.—Y créeme, en mi casa tengo unos juguetitos para las preciosas damas como tú. Juguetes que te harían querer más y más, y yo te lo daría. No quiero que pienses que soy un pervertido, dios me trajo por una sola razón, cariño.
—¿Para qué?—me atrevo a hablar teniéndolo tan cerca.
—Para dar placer a aquellas mujeres que lo necesiten. Para castigar o recompensar. ¿Sabes qué es una bala de plata?—niego con la cabeza, sonríe.—Una especie de vibrador. La cosa más placentera para una mujer. Es como una bala de verdad. Se introduce hasta el punto G de la mujer y tiene un control. Tú puedes elegir a qué velocidad vaya.
Aclaro mi garganta.
—¿Qué si vienes a mi casa? Allí tengo en mi despacho todos los documentos sobre los problemas que tuve con varias empresas. Los muy hijos de puta me quieren dejar fuera de todo, pero no tienen ni puta idea de con quién se meten.—se aleja de mí y agarra su vaso. Terminando de beber el alcohol en éste.—¿Qué me dices?—me mira dejando el vaso en la mesa y pasando su mano derecha por su tupé.
Oh dios mío, ¿qué si lo que quiere es demostrarte ese entretenimiento suyo? Estaba extrañando ya a mi subconsciente...
—Claro. ¿Cuál es tu direc-
—Oh no, te vienes luego conmigo. Te espero abajo, en la entrada del edificio a las 15:30.—se levanta del sillón y yo hago lo mismo.
—Está bien.—digo sin más remedio.
Me mira con cierta picardía, haciendo que mis colores vuelvan a subir a mis mejillas.
—Entonces, nos vemos después, ¿de acuerdo?—me tiende su mano izquierda, y se la tomo. Cuando hace lo mismo que antes, dando un beso en mi mano derecha. La suelta con paciencia y me guiña un ojo.
Asiento y me giro, andando con rapidez a la puerta. Salgo y cierro detrás de mí, mientras me apoyo en esta, soltando todo el aire que había acumulado.
·
—Adam, no sé si debería ir o-
—Oh vamos, ____ llevabas esperando un caso importante en el que pagasen bien. Bieber tiene muchos problemas con gente muy importante y él estará dispuesto a pagarte lo necesario por tal de salvarle el culo.—me mira fijamente. Muerdo mi labio superior, sin saber qué hacer.—¿Qué ha pasado?—veo cómo frunce su ceño.
Suspiro pesadamente y me encojo de hombros.
—Me voy, ya son y vente. Adiós.—salgo de su despacho y camino hacia el ascensor. Llamo a éste con el botón y a los 2 minutos las puertas se abren, dejándome ver a Justin dentro.
Y no entiendo el por qué de contener la respiración.
—Anda, ____ qué casualidad.—sonríe y se mueve hacia un lado, dejándome espacio.
—Sí.—suelto una risa tímida y entro. Justin presiona el botón de la última planta, el vestíbulo y las puertas se cierran.
El silencio se apodera de la situación. Miro hacia el frente, intentando evitar alguna conversación con él. Los cinco pisos se me hacen jodidamente eternos.
Las puertas al fin se abren y ninguno de los dos nos movemos.
—Sal primero.—me hace un gesto con su mano izquierda.
—Gracias.—escondo un mechón de mi pelo tras mi oreja derecha y salgo. Qué caballero. Pienso. Sí, y qué mojabragas. Mi subconsciente vuelve a hablar. Oh cállate. Pienso.
Acomodo mi bolso a mi hombro y Justin a los segundos aparece a mi lado.
—Bueno, pues vamos.—habla con su seductora y ronca voz. Asiento, dedicándole una sonrisa. Me sonríe y empezamos a andar.
Narra Justin.
Dejo el montón de carpetas en la mesa, frente a ella.
—Vaya, ¿qué contienen?—pregunta curiosa, cogiendo la primera carpeta.
—Multas, demandas, etc.—suspiro y me encojo de hombros. Me mira sombrada.
—Si que te odian.—dice con cierto humor, el cual me lo tomo a bien. Río leve.
—Sí, demasiado.—ríe esta vez ella y sonrío.
Abre la carpeta y empieza a leer con atención.
—¿Tráfico de drogas?—levanta la vista a mí. Asiento.—¿Es cierto o-
—No, se inventaron que tenía un bando de traficantes para hundirme en la miseria. Ni siquiera tenían pruebas y el juez no dudó un sólo segundo, condenaron al que me denunció por diez años de prisión.—miento.
Asiente y vuelve a la carpeta. La cierra y la deja encima del montón. Me mira y sonríe, le devuelvo la sonrisa.
—¿Quieres tomar algo?—pregunto de repente.
—No, no. Es más, me voy a ir yendo ya...—humedece sus labios y frunce su ceño levemente.
—Oh, ¿tan pronto te vas?—me acerco a ella a paso lento.
—Ehm, bueno, sí.—dice con cierto rubor.
Me paro frente a ella y la agarro por la barbilla.
—Te has tomado demasiado a pecho lo sucedido en mi despacho, ¿cierto?—me mira con lujuria, lo noto.
—No, yo sólo...
—Shh, quédate un poco más, quiero conocerte mejor ____.—llevo mi mano a su mejilla y la acaricio suavemente.
Suspira y esconde sus labios en su boca.
—¿Recuerdas la bala de plata?—noto como traga saliva y sonrío de lado.—Si me dejas, puedo enseñarte a cómo usarla.
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RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo
¡Por fin estoy aquí!
Sí, sé que tardé mucho, pero tengo una vida también, saben. Y pues necesito espacio vital.
A cada rato estoy escribiendo un poco de cada novela para no dejar ninguna atrás, así que...
Voy a tardar siempre en subir, pero prometo que en cada capítulo pasará algo aodibnsoarg y pues eso, que os pido paciencia.
Gracias por los 37 RT's, sois increíbles. Y que también tenéis la novela en wattpad, por si queréis leerla allí: http://www.wattpad.com/story/10456868-the-sinner
Recomendarme porfa, quiero ver hasta qué punto puede llegar esta novela.
Ya sabéis, dejarme un comentario por blog o por twitter con vuestra opinión y votar en las reacciones de abajo.
¡Os quiero!
-Donna
AWWWW AQUI TODOS SON UN NINFOMAAANOS JODER. ASFJLVHG
ResponderEliminarTIA, A MI TU NO ME ENGAÑAS, TE HAS LEIDO 50 SOMBRAS Y HAS DECIDIDO HACER UNA ADAPTACION O ALGO.
O eso o esque estoy demasiado obsesionada con la novela esa......
Pero bueno, a mi Justin siempre me recordara a mi Christian Grey y ____ (OSEA, YO) a la querida Anastasia Steele. OH VAMOS MARTA, CADA PALABRA QUE LEO ME RECUERDA A LA NOVELA Y ES TODO MUY AJSKDHCHFV
No se ni que mierda decir, ha sido todo tan pervertido y tan exictante.. Por no decir partes que me he empesado a reir._.
Vale, mi imaginacion es una puta mierda, no se que decir, mi mente esta en blanco, me estoy traumando con esto del señor Bieber. ocno._.
Bueno, sinceramente no creo que en el siguiente capitulo vayan a follar, o quizas si.. tu eres una chica especial que hace justo lo contario de lo que una se piensa C':
Y eso de la bala de plata da miedo tio... ojala algun dia Justin la pruebe conmigo. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJvale soy un tanto gilipollas.
Es que creo que un comentario de esos por twitter es.. no se. Tus escribes tan bien y pienso 'se merece un comentario enorme' pero luego es que me parece que.. ai señor, no se ni que decir.
MUY BUEN CAPITULO, COMO SIEMPRE, TE AMAMOS POR ESO, SIGUELA LO MAS PRONTO POSIBLE BEIBI. (cuando puedas, sube la 2a temporada de The Ganster poooorfi. De verdad que queremos leerla yaaa D: )
Un gran beso, te adoran, tu lectoras y @itsJDBeadles