Vuelvo con ____ y me siento a su lado en el sofá. Le cedo un vaso y lo agarra.
—Ehm, ____. ¿Cómo se llama tu ex novio?—digo mientras vierto en su vaso y en el mío bastante Beefeater como para que suba a la cabeza bien.
—Marcos.—le da un sorbo a su vaso.
—¿Apellido?—dejo la botella en la mesa de café y hago lo mismo que ella con el mío.
—Creo que era Hernández. Marcos Hernández. Sí.—asiente segura.
—¿Es latino?—niega con la cabeza.
—Español. Lo conocí cuando fui con Becca a Ibiza.—susurra y le da otro sorbo a su vaso.
—Con lo de la denuncia, ____ tienes que hacerlo. Ese cabrón puede haber maltratado a más mujeres. No tengas miedo en mandar a la cárcel a un cobarde como ese tío.—le doy un sorbo a mi vaso y lo dejo en la mesa, así mirándola fijamente.
Suspira y se bebe del tirón el Beefeater.
—No puedo.—bufo y me sobo los ojos.
Narras tú.
—¿Por qué? Joder ____, tienes que meterle la puta denuncia por el culo. Te ha dado una paliza que no se te reconoce.—se levanta y me agarra una mano, tirando de mí y empezando a andar hasta mi cuarto de baño. Entramos y me pone de frente al espejo.—¡Mira cómo mierdas te ha dejado ese cabrón! ¡Por dios deja de ser tan buena por una vez en tu jodida vida!—grita y me sobresalto al oír como Justin pega un puñetazo a la puerta.—¡Tíos como él se merecen la misma paliza pero a patadas! Y si tú no lo denuncias, ya me encargaré yo de hacer algo al respecto.—mis ojos se llenan de lágrimas.
—No es la primera vez que me pega.—murmuro y por el espejo veo que me mira perplejo. Me gira, quedando ahora cara a cara con él.
—¿Cómo? ¿Te ha pegado más veces?—asiento. Tensa su mandíbula y mi cuerpo entero hace lo mismo.—Dime cuántas. Sé que las tienes contadas.—me mira con frialdad.
Mi labio inferior empieza a temblar.
—Esta es la sexta.—digo en un hilo de voz. Cierra sus ojos, tomando una profunda respiración.
—Madre mía. ¿Nunca lo has denunciado? ¿En serio?—abre sus ojos, y puedo ver fuego en ellos reflejado.
Sacudo levemente mi cabeza.
—Es que soy tonta y no puedo hacer eso. Porque pienso que todo lo que me pasa me lo merezco, que no pasa porque sí. Y si dios quiere esto para mí, lo aceptaré.—agacho mi cabeza, notando ya las lágrimas resbalando por mis mejillas.
Me agarra de las mejillas con cuidado y me obliga a mirarle. Con sus pulgares limpia mis lágrimas.
—No puedes ser tan buena, joder. Las personas como tú merecen el cielo a sus pies ____. Eres una chica tan dulce que haces calmar a un tío como yo.—sacude su cabeza y noto su aliento más cerca que antes.—No sé, pero me estás volviendo loco ____. Me estás volviendo completamente loco y no entiendo qué mierda estás haciendo conmigo.—trago saliva.
—¿Loco en el buen o mal sentido?—pregunto en un murmuro suave.
—En el mal sentido. Me refiero a que no es tu culpa, pero mi cabeza no deja de dar vueltas y vueltas sobre todo lo que ha pasado. Porque simplemente no entiendo como aún puede existir personas tan buenas como tú preciosa.—tensa su mandíbula.
—Crees que soy tonta, ¿verdad? Siendo abogada y siendo una puta gilipollas.—aparto las lágrimas de mis mejillas y suspiro.
—Es la primera vez que te oigo decir palabrotas.—sonríe divertido con una ceja arqueada y suelto una pequeña risita.
—Lo siento.—mis mejillas cogen un color rojizo, más de lo que ya estaban por la irritación.
—Oh, si es que eres más graciosa.—me abraza y yo aprovecho para agarrarme a él como un koala.
Necesitaba un abrazo, necesitaba un brazo donde llorar... Y él se quedó conmigo todo el tiempo, abrazándome y dejándome llenar su cara camisa blanca de Gucci de lágrimas saladas.
Después te das cuenta de que tienes a personas que realmente le importas, aunque te haya dejado plantada en pleno sexo.... Humm....
—Justin.—nos separamos y me mira.
—Dime.
—¿Por qué te fuiste cuando estábamos...—carraspeo—, teniendo sexo?—termino la pregunta, rezando para que no se vaya otra vez.
Sus ojos cambian a tener una calidez, de tener una frialdad que te deja helada al mirarte. Y al momento me arrepiento de haberlo preguntado. No puedo quedarme callada, no, tengo que cagarla en todo momento, porque sino no sería yo...
—Justin, déjalo. No debí haberlo preguntado, sólo que era cur-
—Tenía miedo.—me interrumpe, callándome con lo que acaba de soltar. Frunzo mi ceño ligeramente.
—¿Miedo? ¿De qué?—y ahí está de nuevo la ____ bocazas...
Se encoge de hombros. Mira que yo soy rara, pero es al conocer a este chico te pierdes con más rareza. Es un tío muy suyo que sólo quiere ver consigo mismo y con las personas que quiere. Ya está, a los demás.... bah.
—La verdad no estoy seguro. Estoy tan confuso y curioso como tú ahora mismo, ____.—sonríe de lado, haciendo que un escalofrío recorra mi cuerpo entero.
—Eres raro...—ahora es él quien tiene su ceño fruncido, aunque su sonrisa torcida se mantiene firme.—Me gusta.—sonrío y su ceño suaviza.—Yo también lo soy, lo cual me gusta juntarme con los de mi especie.—suelta una sonora carcajada y sacude su cabeza.
—Tú no eres rara, estás como una puta cabra. Pero en el buen sentido, ya que eres muy calladita.—se cruza de brazos, realzando así con sus manos sus bíceps.
—No se permite lenguaje obsceno en mi casa, señor Bieber.—digo divertida.
—Oh, perdone señorita Fischer. En ningún momento quise faltar el respeto de esta forma. Soy un maleducado...—niega con su cabeza, siguiéndome el juego.—¿Podemos dejar de hablar así? Mi padre me tiene hasta los huevos hablando así todo el puto día.—dice suplicante.
Río leve y salgo del baño, no entiendo porqué nos hemos quedado ahí hablando... desde luego es patético, y raro.
Voy hacia el salón de nuevo y me tumbo en el sofá. Justin viene a los dos minutos, sentándose a mi lado.
Mi móvil empieza a vibrar en la mesa, lo cojo y miro la pantalla. Mi corazón se para por unos segundos, dejándome mirando el nombre como una loca.
—¿____? ¿No lo coges?—Justin dice extrañado. Lo miro y él mira mi móvil, mirando la pantalla.—¿Es él?—asiento y lo agarra.
Narra Justin.
Descuelgo el móvil y espero a que diga algo.
—____, cariño. ¿Cómo estás?—sin duda es el mocoso este.—Siento tanto lo de anoche, espero que puedas perdonar a este loco.—dice riéndose.
—Mira, pequeño hijo de puta. Vuelve a acercarte a ella tan sólo un jodido metro y te vuelo las pelotas, ¿lo pillas? Y las amenazas te las metes por el culo, deja de jugar con fuego, porque te vas a quemar.—mascullo.
—Anda, pero si creía que te había avisado ya, Bieber.—su voz es dura y ronca.
—Marcos amigo, no te la juegues. Rozas a mi hija y hago de tu vida un puto infierno, o quizás te lleve a él de cabeza, hijo de puta.—noto la mirada de ____ sobre mí, pero no la miro.
Ríe fuertemente y tenso mi mandíbula.
—Púdrete cabrón.—mascullo y decido colgar, dejando el móvil en la mesa y frotando mis ojos frustrado.
—¿Por qué dijiste tu hija? ¿Lo conocías de antes?—la miro y asiento.—¿Por qué no me lo dijiste?—suena decepcionada.
—Lo reconocí por cómo hablaba cuando hablé con él, no me ha dado tiempo ____.—miento.
—Oh.
—Me tengo que ir.—me levanto y pongo bien mi chaqueta arrugada al estar sentado.
—Claro, ehm, esto... Gra-gracias por entretenerme.—se levanta y sonríe de lado.
—No es nada preciosa, no las tienes que dar.—le guiño un ojo y se ruboriza.—Cómo adoro que te ruborices con nada.—digo riendo leve.
—Oh vete ya.—me da un puñetazo de juego en el brazo.
—¿Me está hechando usted, señorita Fischer?—enarco una ceja y suelta una carcajada sonora.
—Fuera de mi casa.—señala la puerta y sacudo mi cabeza.
Andamos hacia ésta y me abre la puerta.
—Oye ____...—me mira atenta.—¿No le vas a decir nada a tu hermano?
—No. Adam mataría a Marcos, literalmente.—suspira.
Niego con mi cabeza.
—Deberías decírselo, como se entere por otra persona verás...
—No se enterará, tranquilo.
—¡Déjala en paz!—grito intentando zafarme de la cuerda gruesa que me impide agarrar al muy cabrón.
—Esta vez la muy puta no se me escapa.—Marcos la agarra por el cuello y le apoya la hoja de la navaja en uno de los lados del cuello.—¿Cuentas conmigo, Bieber?—sonríe sádico y noto la sangre baja por mis manos.
—¡No! Déjala ir, mátame a mí joder. ¡Pero déjala ir!—niega con su cabeza riendo y aprieta la navaja.
Ella suelta un grito ahogado.
—¡Justin!—grita y la navaja se mueve, haciendo que salte sangre de su yugular y mi cuerpo entero se congele. Su cuerpo cae al suelo como una ficha de dominó, sin dificultad.
Abro los ojos y noto el corazón en mi boca latiendo tan fuerte que podría salirse de mi pecho fácilmente.
¿Qué coño...?—¿Loco en el buen o mal sentido?—pregunto en un murmuro suave.
—En el mal sentido. Me refiero a que no es tu culpa, pero mi cabeza no deja de dar vueltas y vueltas sobre todo lo que ha pasado. Porque simplemente no entiendo como aún puede existir personas tan buenas como tú preciosa.—tensa su mandíbula.
—Crees que soy tonta, ¿verdad? Siendo abogada y siendo una puta gilipollas.—aparto las lágrimas de mis mejillas y suspiro.
—Es la primera vez que te oigo decir palabrotas.—sonríe divertido con una ceja arqueada y suelto una pequeña risita.
—Lo siento.—mis mejillas cogen un color rojizo, más de lo que ya estaban por la irritación.
—Oh, si es que eres más graciosa.—me abraza y yo aprovecho para agarrarme a él como un koala.
Necesitaba un abrazo, necesitaba un brazo donde llorar... Y él se quedó conmigo todo el tiempo, abrazándome y dejándome llenar su cara camisa blanca de Gucci de lágrimas saladas.
Después te das cuenta de que tienes a personas que realmente le importas, aunque te haya dejado plantada en pleno sexo.... Humm....
—Justin.—nos separamos y me mira.
—Dime.
—¿Por qué te fuiste cuando estábamos...—carraspeo—, teniendo sexo?—termino la pregunta, rezando para que no se vaya otra vez.
Sus ojos cambian a tener una calidez, de tener una frialdad que te deja helada al mirarte. Y al momento me arrepiento de haberlo preguntado. No puedo quedarme callada, no, tengo que cagarla en todo momento, porque sino no sería yo...
—Justin, déjalo. No debí haberlo preguntado, sólo que era cur-
—Tenía miedo.—me interrumpe, callándome con lo que acaba de soltar. Frunzo mi ceño ligeramente.
—¿Miedo? ¿De qué?—y ahí está de nuevo la ____ bocazas...
Se encoge de hombros. Mira que yo soy rara, pero es al conocer a este chico te pierdes con más rareza. Es un tío muy suyo que sólo quiere ver consigo mismo y con las personas que quiere. Ya está, a los demás.... bah.
—La verdad no estoy seguro. Estoy tan confuso y curioso como tú ahora mismo, ____.—sonríe de lado, haciendo que un escalofrío recorra mi cuerpo entero.
—Eres raro...—ahora es él quien tiene su ceño fruncido, aunque su sonrisa torcida se mantiene firme.—Me gusta.—sonrío y su ceño suaviza.—Yo también lo soy, lo cual me gusta juntarme con los de mi especie.—suelta una sonora carcajada y sacude su cabeza.
—Tú no eres rara, estás como una puta cabra. Pero en el buen sentido, ya que eres muy calladita.—se cruza de brazos, realzando así con sus manos sus bíceps.
—No se permite lenguaje obsceno en mi casa, señor Bieber.—digo divertida.
—Oh, perdone señorita Fischer. En ningún momento quise faltar el respeto de esta forma. Soy un maleducado...—niega con su cabeza, siguiéndome el juego.—¿Podemos dejar de hablar así? Mi padre me tiene hasta los huevos hablando así todo el puto día.—dice suplicante.
Río leve y salgo del baño, no entiendo porqué nos hemos quedado ahí hablando... desde luego es patético, y raro.
Voy hacia el salón de nuevo y me tumbo en el sofá. Justin viene a los dos minutos, sentándose a mi lado.
Mi móvil empieza a vibrar en la mesa, lo cojo y miro la pantalla. Mi corazón se para por unos segundos, dejándome mirando el nombre como una loca.
—¿____? ¿No lo coges?—Justin dice extrañado. Lo miro y él mira mi móvil, mirando la pantalla.—¿Es él?—asiento y lo agarra.
Narra Justin.
Descuelgo el móvil y espero a que diga algo.
—____, cariño. ¿Cómo estás?—sin duda es el mocoso este.—Siento tanto lo de anoche, espero que puedas perdonar a este loco.—dice riéndose.
—Mira, pequeño hijo de puta. Vuelve a acercarte a ella tan sólo un jodido metro y te vuelo las pelotas, ¿lo pillas? Y las amenazas te las metes por el culo, deja de jugar con fuego, porque te vas a quemar.—mascullo.
—Anda, pero si creía que te había avisado ya, Bieber.—su voz es dura y ronca.
—Marcos amigo, no te la juegues. Rozas a mi hija y hago de tu vida un puto infierno, o quizás te lleve a él de cabeza, hijo de puta.—noto la mirada de ____ sobre mí, pero no la miro.
Ríe fuertemente y tenso mi mandíbula.
—Púdrete cabrón.—mascullo y decido colgar, dejando el móvil en la mesa y frotando mis ojos frustrado.
—¿Por qué dijiste tu hija? ¿Lo conocías de antes?—la miro y asiento.—¿Por qué no me lo dijiste?—suena decepcionada.
—Lo reconocí por cómo hablaba cuando hablé con él, no me ha dado tiempo ____.—miento.
—Oh.
—Me tengo que ir.—me levanto y pongo bien mi chaqueta arrugada al estar sentado.
—Claro, ehm, esto... Gra-gracias por entretenerme.—se levanta y sonríe de lado.
—No es nada preciosa, no las tienes que dar.—le guiño un ojo y se ruboriza.—Cómo adoro que te ruborices con nada.—digo riendo leve.
—Oh vete ya.—me da un puñetazo de juego en el brazo.
—¿Me está hechando usted, señorita Fischer?—enarco una ceja y suelta una carcajada sonora.
—Fuera de mi casa.—señala la puerta y sacudo mi cabeza.
Andamos hacia ésta y me abre la puerta.
—Oye ____...—me mira atenta.—¿No le vas a decir nada a tu hermano?
—No. Adam mataría a Marcos, literalmente.—suspira.
Niego con mi cabeza.
—Deberías decírselo, como se entere por otra persona verás...
—No se enterará, tranquilo.
—¡Déjala en paz!—grito intentando zafarme de la cuerda gruesa que me impide agarrar al muy cabrón.
—Esta vez la muy puta no se me escapa.—Marcos la agarra por el cuello y le apoya la hoja de la navaja en uno de los lados del cuello.—¿Cuentas conmigo, Bieber?—sonríe sádico y noto la sangre baja por mis manos.
—¡No! Déjala ir, mátame a mí joder. ¡Pero déjala ir!—niega con su cabeza riendo y aprieta la navaja.
Ella suelta un grito ahogado.
—¡Justin!—grita y la navaja se mueve, haciendo que salte sangre de su yugular y mi cuerpo entero se congele. Su cuerpo cae al suelo como una ficha de dominó, sin dificultad.
Abro los ojos y noto el corazón en mi boca latiendo tan fuerte que podría salirse de mi pecho fácilmente.
Narras tú.
—Adam, todo está bien. Cálmate por favor.—lágrimas pinchan tras mis ojos.
—¡Joder! ¡Lo voy a matar, jodido maricón de mierda! Oh, joder enana, dime que estás bien por favor.—mi corazón se hace añicos al oír su voz rota.
—Estoy bien, tranquilo.—lucho contra mis lágrimas, ganando por ahora la batalla.
—Oh mi pequeña, voy a ir ahora mismo. Voy a cancelar cada reunión y pasaré todo el día contigo. Es mi culpa dejarte sola todo el día, joder.
—No Adam, no es tu culpa. Por favor no hagas esto más difícil.—trago el gran nudo de mi garganta.
Oigo cómo suspira y coge aire.
—Está bien, estaré ahí en diez minutos. Termino unos asuntos y voy hacia allí. Te quiero.
—Yo también.—sonrío de lado y cuelgo.
Besa mis brazos unas veces y por último mi frente, para luego envolverme en sus brazos.
—Cuando pille a ese cabrón lo voy a descuartizar.—su voz es fría y triste. Y no puedo evitar las lágrimas que se acumulan en mis ojos al recordar todo.
Fue tan cruel, tan frío... esta vez se pasó.
—Jodida perra, te vas a enterar de una puta vez cómo se me trata.—me arranca la ropa, despojándola con brutalidad.
—Marcos, por favor.—no me queda ni fuerza para hablar.
Suelta una carcajada y lo que me gano es otra bofetada. No siento mis mejillas, no siento mis piernas, mi pecho está contraído y mi corazón va rápido como si se me fuese a salir del pecho en cualquier momento.
—Eres buena en la cama, y tú adorabas cómo te dominaba. Eras toda una tigresa, demuéstramelo esta noche nenita.—acaricia mis pechos sobre el sujetador negro.
Mis ojos sólo fabrican lágrimas y más lágrimas, haciendo que resbalen de golpe todas a cada segundo que pasa.
—Bueno, yo al menos lo disfrutaré.—empieza a besar mi cuello con besos sonoros, mi cuello duele ya que me ha hecho varios chupetones a lo bestia.
—Te odio.—musito y después de eso, sólo recuerdo más golpes y cómo me viola sin piedad alguna.
Han pasado dos semanas. Las cuales no he salido de casa bajo ningún concepto.
Hace una semana y media que no veo a Justin. Ni una llamada de cómo estoy, nada. ¿Qué me esperaba? ¿Que me llamaría cada vez que pudiese? ¿Que viniese todos los días a verme o a pasar un rato conmigo? Sigue soñando, ____...
Pinto mis labios de rojo, extendiéndolo bien por mis labios gruesos.
Me miro al espejo, dejando la barra de labios en el tocador. Ya no se me nota el morado de mis ojos, y lo poco que se nota lo tapo con corrector y con sombra de ojos.
Cojo aire y lo suelto lentamente.
Adam ha estado todos los días conmigo, habló con Justin al parece para decirle que se quedaría conmigo. Lo cual su amigo aceptó y lo dejó quedarse cuidándome.... o dándome la lata como ha hecho. Pero bueno, es mi hermano mayor, es lo que hay.
—Oh ____, no esperaba verte tan pronto por aquí.—Justin se levanta de su sillón, andando hacia mí. Hago lo mismo y me envuelve en sus corpulentos brazos.—¿Cómo estás?—pregunta al separarnos.
—Bien.—digo algo cortante. "Ahora va a decir que eres una puta borde, si es que...."—mi subconsciente volvió. Lo eché de menos.
—Me alegra que estés bien ____.—me "regala" una sonrisa de lado, algo falsa y noto como se tensa.
—Gracias.—¿Qué coño me pasa? Valiente perra estoy siendo con él. "Quizás porque no ha ido a verte siquiera."—puede...
—Ehm, ____ yo, siento no haber ido a verte.—su mandíbula se tensa, a conjunto ahora con su cuerpo de dios griego.—Tuve... un problema y he estado todo el tiempo con mi hija.—su voz se oscurece.
Frunzo mi ceño, sin entender muy bien qué ha pasado.
—¿Está bien Charlie?—pregunto al segundo de caer en el medio de lo sucedido.
—Ahora sí.—se gira y camina hacia su silla, sentándose en ésta.
"Tía, no sé cómo lo haces, pero eres la primera en cagarla."—y le doy la jodida razón a la parte posterior de mi cabeza.
Me acerco a su mesa a paso lento, aún no sé qué decirle.
—Justin...
—No ____. En serio no quiero hablar de ello.—echa su pelo hacia atrás y coge unas hojas frente a él.
—Si necesitas algo o... no sé, cualquier cosa. Me llamas.—digo sin más y salgo lo más rápido del despacho, tampoco quiero que me baje el autoestima con "Cierra la puerta al salir" o no sé...
Narra Justin.
Bebo del vaso de ron, dejándolo vacío de un sorbo. Saco mi móvil de la americana y busco en contactos el nombre de 'Haley'. Le doy a llamar y me coloco el móvil en la oreja derecha.
Primer pitido... segundo pitido... terc-
—Dime Jus.—la voz de mi hermana me calma.
—¿Cómo está Charlie?—muerdo mi labio inferior.
—Bien, estábamos jugando a las casitas y nos has interrumpido.—dice con un tono gracioso.
—¡Papá! ¡Aguafiestas!—suena la vocecita de mi enana.
Río leve y mi hermana se une a mí.
—Está genial Justin, no te preocupes.—dice con voz severa.
—Vale. Sólo quería asegurarme, fue todo culpa mía y-
—Justin ya, en serio, un despiste lo tiene cualquiera. No la viste, ya está.
Suspiro fuertemente.
—Te dejo. Luego voy a recogerla, un beso.
—Adiós.
Narradora
—Sí, se podría decir que son como unos cinco kilos. Pero no lo bajamos de cinco mil dólares.—Justin hace un trueque con su cliente.
La pequeña Charlotte está en la cocina, mientras oye a su padre en el salón discutir por teléfono para zanjar un tema del cual no se entera la pequeña.
—Papá, tengo hambre.—lo llama.
—Un segundo cielo.—le responde su padre.
Pasan los minutos y Justin sigue discutiendo el precio del Speed. Charlotte decido buscar en la despensa, encontrándose a la primera unas galletas de chocolate. La boca se le hace agua al momento, ella nunca lo ha probado y le encantaría. Pero su padre no le deja, ni su madre tampoco debido a su enfermedad.
—¿Papá?—su padre no le oye, con lo cual coge las galletas y abre el paquete. Agarra una y la huele. El olor le agrada, por lo que le da un bocado. Saboreando el sabor dulce que nunca había probado. Le encanta y sigue comiendo la galleta.
Va a coger la segunda galleta, ya que se terminó la primera, pero empieza a sentirse mal.
Decide guardar las galletas y cerrar la despensa, va hacia el salón, donde su padre aún habla por teléfono.
—Papi...—su voz es débil y le duele mucho la cabeza.
—Te dije que no bajo el precio Sean.... ¡Joder no! Oh dios... Me estresas, sólo eso.—sacude su cabeza.
—Papá, me siento mal.—da pequeños tirones del pantalón de su padre.
—Cielo un segundo.—dice sin mirarla.
—Pero papá, me duele mucho la cabeza.—sus ojos se llenan de lágrimas y su cabeza duele más.
Justin sigue sin hacer caso a su hija, está centrado en cerrar el trato... Mira rápidamente a Charlotte y frunce su ceño.
—Mira, te llamo luego.... Sí, adiós.—cuelga y vuelve a su hija.—Nena, ¿qué te pasa?—se arrodilla frente a su hija.
—Perdóname.—la niña empieza a llorar.
—Eh, ¿por qué? ¿Qué te pasa? No llores cariño.—le limpia las lágrimas con sus pulgares.
—Tenía hambre y cogí galletas. Sólo comí una, quería probarla y ahora me duele la cabeza.—solloza la niña.
A Justin se le para el tiempo en ese justo momento.
—¿Has comido chocolate?—no le sale la voz.
—Lo siento, no sabía que una me iba a hacer daño.—la pequeña entrecierra los ojos, le cuesta ver.
—Oh joder Charlie.—la coge en brazos y coge las llaves del coche.
—¡Cómo coño me decís que no podéis atender a mi puta hija! ¡Tiene 7 años y es diabética! ¡No tenéis consideración ninguna joder!—pego un puñetazo en la mesa de recepción.
—Señor Bieber, cálmese. Lo sentimos pero-
—Oh tratan a mi hija ahora, o me encargaré personalmente de que manden a la mierda este centro.—lágrimas salen de los ojos de Justin.
—Sólo le pedimos que espere, hay personas que también necesitan ser tratadas.—dice la enfermera algo asustada.
Sacude su cabeza y acurruca a su hija en sus brazos, la cual llora asustada de lo que pueda pasarle.
Se sienta en unos asientos, con su hija en su regazo aún abrazándola fuerte.
—Tranquila mi niña, no pasa nada.—besa su cabeza y la separa de él para mirarla.—Charlie.—levanta su cabeza, mirando a su padre con los ojos empapados.
—Perdóname papi.—sus ojos verdes están oscuros y fríos.
—No pasa nada.—le aparta un mechón de pelo de la cara de Charlie, colocándoselo tras la oreja.
—Disculpe.—Justin gira su cabeza, viendo a una muchacha de poca edad.—Puede pasar ahora, le cedo mi sitio.—dice la joven.
—¿Y usted? Estaba aquí antes y habrá esperado mucho...
—Oh, no pasa nada. Lo mío se me ha pasado hace quince minutos mientras esperaba, pase usted.—le sonríe la guapa chica.
—¿De verdad?—la rubia asiente y a Justin se le ilumina la mirada.—Muchísimas gracias, juro que le pagaré con algo. De verdad, gracias.—se levanta con Charlie en brazos y le regala a la joven una de sus seductoras sonrisas.
—No importa.—a la chica se le escapa una pequeña risa y Justin sonríe ante ello.
Veo a Jazzy hacerle trenzas pequeñas a Charlie en el salón y sonrío de lado.
—Justin es una responsabilidad, y no puedes hacer caso omiso a tu hija cuando se te antoje.—mi madrastra me regaña..
—Lucía no la vi siquiera, estaba hablando con un cliente y le dije que se esperase. Yo estaba en el salón y ella en la cocina. No sabía lo que hacía y la verdad no me preocupé mucho ya que estaba un capullo dándome la brasa.—tenso mi mandíbula, negándome a mirar fijamente a mi madre a los ojos.
—¡Pues tiene que hacerle caso! Marie no tejó a la niña para que luego tú la mates de una subida de azúcar. El trabajo y la familia es difícil de mantener a la vez.—la miro esta vez, y nuestras miradas coinciden.
—Eso es lo que le pasó a mi padre, ¿no? Mató a mi madre, y por mucho que ese gilipollas se niegue a aceptarlo, es un asesino y un hijo de puta.—froto mis ojos desesperado.
—Tu madre no estaba bien Justin, estaba depresiva. Nadie tuvo culpa de nada. Sólo ella.—lo defiende.
—¡Sí tuvo culpa! ¡Él la llevó a la depresión Lucía! ¡Abre los putos ojos y aléjate de ese psicópata! Eres demasiado tonta para ver la realidad. ¿Por qué coño crees que me fui a los 16 de casa? ¡Para no verla la cara al asesino de mi padre!—me levanto de la silla y voy al salón.—Charlie, nos vamos.—Jazzy me mira confusa y ayuda a levantar a mi hija del suelo.
—Justin, ¿pasa algo?—mi hermana pregunta.
—No.—cojo a Charlie de la mano y sin más salgo con mi hija de esa puta casa en la que me crié.
Como dijo una vez mi madre:
"No siempre los lugares donde te crías suelen ser buenos recuerdos. Hay secretos oscuros que deseas olvidar, pero luego están esos recuerdos que desearías vivir una y otra vez."
_
RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo.
Jejejejejejejejeje, holap.
Ya comenté que no podía subir el fin de semana, con lo cual aquí lo tenéis. Siento mucho haber tardado, pero la inspiración viene cuando le conviene ._.
Espero que os haya gustado y que hayáis sacado algunas conclusiones. Que al menos ya más o menos sepáis los pasados de ambos. Queda mucho por descubrir, y queda mucho por vivir.... y por follar.
Gracias por leer, sois las mejores. Os amo y siempre estaré agradecida por haberme hecho feliz con sólo leer y ponerme comentarios tan geniales. Joder, os adoro.
Quiero que votéis en las reacciones de abajo, y también que me dijerais si os ha gustado o el cap, qué es lo que más os ha gustado y qué lo que menos... ¡No sé!
Un besazo y espero estar aquí por mucho tiempo, acompañada de vosotras.
DONNA SCARS.
Pinto mis labios de rojo, extendiéndolo bien por mis labios gruesos.
Me miro al espejo, dejando la barra de labios en el tocador. Ya no se me nota el morado de mis ojos, y lo poco que se nota lo tapo con corrector y con sombra de ojos.
Cojo aire y lo suelto lentamente.
Adam ha estado todos los días conmigo, habló con Justin al parece para decirle que se quedaría conmigo. Lo cual su amigo aceptó y lo dejó quedarse cuidándome.... o dándome la lata como ha hecho. Pero bueno, es mi hermano mayor, es lo que hay.
—Oh ____, no esperaba verte tan pronto por aquí.—Justin se levanta de su sillón, andando hacia mí. Hago lo mismo y me envuelve en sus corpulentos brazos.—¿Cómo estás?—pregunta al separarnos.
—Bien.—digo algo cortante. "Ahora va a decir que eres una puta borde, si es que...."—mi subconsciente volvió. Lo eché de menos.
—Me alegra que estés bien ____.—me "regala" una sonrisa de lado, algo falsa y noto como se tensa.
—Gracias.—¿Qué coño me pasa? Valiente perra estoy siendo con él. "Quizás porque no ha ido a verte siquiera."—puede...
—Ehm, ____ yo, siento no haber ido a verte.—su mandíbula se tensa, a conjunto ahora con su cuerpo de dios griego.—Tuve... un problema y he estado todo el tiempo con mi hija.—su voz se oscurece.
Frunzo mi ceño, sin entender muy bien qué ha pasado.
—¿Está bien Charlie?—pregunto al segundo de caer en el medio de lo sucedido.
—Ahora sí.—se gira y camina hacia su silla, sentándose en ésta.
"Tía, no sé cómo lo haces, pero eres la primera en cagarla."—y le doy la jodida razón a la parte posterior de mi cabeza.
Me acerco a su mesa a paso lento, aún no sé qué decirle.
—Justin...
—No ____. En serio no quiero hablar de ello.—echa su pelo hacia atrás y coge unas hojas frente a él.
—Si necesitas algo o... no sé, cualquier cosa. Me llamas.—digo sin más y salgo lo más rápido del despacho, tampoco quiero que me baje el autoestima con "Cierra la puerta al salir" o no sé...
Narra Justin.
Bebo del vaso de ron, dejándolo vacío de un sorbo. Saco mi móvil de la americana y busco en contactos el nombre de 'Haley'. Le doy a llamar y me coloco el móvil en la oreja derecha.
Primer pitido... segundo pitido... terc-
—Dime Jus.—la voz de mi hermana me calma.
—¿Cómo está Charlie?—muerdo mi labio inferior.
—Bien, estábamos jugando a las casitas y nos has interrumpido.—dice con un tono gracioso.
—¡Papá! ¡Aguafiestas!—suena la vocecita de mi enana.
Río leve y mi hermana se une a mí.
—Está genial Justin, no te preocupes.—dice con voz severa.
—Vale. Sólo quería asegurarme, fue todo culpa mía y-
—Justin ya, en serio, un despiste lo tiene cualquiera. No la viste, ya está.
Suspiro fuertemente.
—Te dejo. Luego voy a recogerla, un beso.
—Adiós.
Narradora
—Sí, se podría decir que son como unos cinco kilos. Pero no lo bajamos de cinco mil dólares.—Justin hace un trueque con su cliente.
La pequeña Charlotte está en la cocina, mientras oye a su padre en el salón discutir por teléfono para zanjar un tema del cual no se entera la pequeña.
—Papá, tengo hambre.—lo llama.
—Un segundo cielo.—le responde su padre.
Pasan los minutos y Justin sigue discutiendo el precio del Speed. Charlotte decido buscar en la despensa, encontrándose a la primera unas galletas de chocolate. La boca se le hace agua al momento, ella nunca lo ha probado y le encantaría. Pero su padre no le deja, ni su madre tampoco debido a su enfermedad.
—¿Papá?—su padre no le oye, con lo cual coge las galletas y abre el paquete. Agarra una y la huele. El olor le agrada, por lo que le da un bocado. Saboreando el sabor dulce que nunca había probado. Le encanta y sigue comiendo la galleta.
Va a coger la segunda galleta, ya que se terminó la primera, pero empieza a sentirse mal.
Decide guardar las galletas y cerrar la despensa, va hacia el salón, donde su padre aún habla por teléfono.
—Papi...—su voz es débil y le duele mucho la cabeza.
—Te dije que no bajo el precio Sean.... ¡Joder no! Oh dios... Me estresas, sólo eso.—sacude su cabeza.
—Papá, me siento mal.—da pequeños tirones del pantalón de su padre.
—Cielo un segundo.—dice sin mirarla.
—Pero papá, me duele mucho la cabeza.—sus ojos se llenan de lágrimas y su cabeza duele más.
Justin sigue sin hacer caso a su hija, está centrado en cerrar el trato... Mira rápidamente a Charlotte y frunce su ceño.
—Mira, te llamo luego.... Sí, adiós.—cuelga y vuelve a su hija.—Nena, ¿qué te pasa?—se arrodilla frente a su hija.
—Perdóname.—la niña empieza a llorar.
—Eh, ¿por qué? ¿Qué te pasa? No llores cariño.—le limpia las lágrimas con sus pulgares.
—Tenía hambre y cogí galletas. Sólo comí una, quería probarla y ahora me duele la cabeza.—solloza la niña.
A Justin se le para el tiempo en ese justo momento.
—¿Has comido chocolate?—no le sale la voz.
—Lo siento, no sabía que una me iba a hacer daño.—la pequeña entrecierra los ojos, le cuesta ver.
—Oh joder Charlie.—la coge en brazos y coge las llaves del coche.
—¡Cómo coño me decís que no podéis atender a mi puta hija! ¡Tiene 7 años y es diabética! ¡No tenéis consideración ninguna joder!—pego un puñetazo en la mesa de recepción.
—Señor Bieber, cálmese. Lo sentimos pero-
—Oh tratan a mi hija ahora, o me encargaré personalmente de que manden a la mierda este centro.—lágrimas salen de los ojos de Justin.
—Sólo le pedimos que espere, hay personas que también necesitan ser tratadas.—dice la enfermera algo asustada.
Sacude su cabeza y acurruca a su hija en sus brazos, la cual llora asustada de lo que pueda pasarle.
Se sienta en unos asientos, con su hija en su regazo aún abrazándola fuerte.
—Tranquila mi niña, no pasa nada.—besa su cabeza y la separa de él para mirarla.—Charlie.—levanta su cabeza, mirando a su padre con los ojos empapados.
—Perdóname papi.—sus ojos verdes están oscuros y fríos.
—No pasa nada.—le aparta un mechón de pelo de la cara de Charlie, colocándoselo tras la oreja.
—Disculpe.—Justin gira su cabeza, viendo a una muchacha de poca edad.—Puede pasar ahora, le cedo mi sitio.—dice la joven.
—¿Y usted? Estaba aquí antes y habrá esperado mucho...
—Oh, no pasa nada. Lo mío se me ha pasado hace quince minutos mientras esperaba, pase usted.—le sonríe la guapa chica.
—¿De verdad?—la rubia asiente y a Justin se le ilumina la mirada.—Muchísimas gracias, juro que le pagaré con algo. De verdad, gracias.—se levanta con Charlie en brazos y le regala a la joven una de sus seductoras sonrisas.
—No importa.—a la chica se le escapa una pequeña risa y Justin sonríe ante ello.
Veo a Jazzy hacerle trenzas pequeñas a Charlie en el salón y sonrío de lado.
—Justin es una responsabilidad, y no puedes hacer caso omiso a tu hija cuando se te antoje.—mi madrastra me regaña..
—Lucía no la vi siquiera, estaba hablando con un cliente y le dije que se esperase. Yo estaba en el salón y ella en la cocina. No sabía lo que hacía y la verdad no me preocupé mucho ya que estaba un capullo dándome la brasa.—tenso mi mandíbula, negándome a mirar fijamente a mi madre a los ojos.
—¡Pues tiene que hacerle caso! Marie no tejó a la niña para que luego tú la mates de una subida de azúcar. El trabajo y la familia es difícil de mantener a la vez.—la miro esta vez, y nuestras miradas coinciden.
—Eso es lo que le pasó a mi padre, ¿no? Mató a mi madre, y por mucho que ese gilipollas se niegue a aceptarlo, es un asesino y un hijo de puta.—froto mis ojos desesperado.
—Tu madre no estaba bien Justin, estaba depresiva. Nadie tuvo culpa de nada. Sólo ella.—lo defiende.
—¡Sí tuvo culpa! ¡Él la llevó a la depresión Lucía! ¡Abre los putos ojos y aléjate de ese psicópata! Eres demasiado tonta para ver la realidad. ¿Por qué coño crees que me fui a los 16 de casa? ¡Para no verla la cara al asesino de mi padre!—me levanto de la silla y voy al salón.—Charlie, nos vamos.—Jazzy me mira confusa y ayuda a levantar a mi hija del suelo.
—Justin, ¿pasa algo?—mi hermana pregunta.
—No.—cojo a Charlie de la mano y sin más salgo con mi hija de esa puta casa en la que me crié.
Como dijo una vez mi madre:
"No siempre los lugares donde te crías suelen ser buenos recuerdos. Hay secretos oscuros que deseas olvidar, pero luego están esos recuerdos que desearías vivir una y otra vez."
_
RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo.
Jejejejejejejejeje, holap.
Ya comenté que no podía subir el fin de semana, con lo cual aquí lo tenéis. Siento mucho haber tardado, pero la inspiración viene cuando le conviene ._.
Espero que os haya gustado y que hayáis sacado algunas conclusiones. Que al menos ya más o menos sepáis los pasados de ambos. Queda mucho por descubrir, y queda mucho por vivir.... y por follar.
Gracias por leer, sois las mejores. Os amo y siempre estaré agradecida por haberme hecho feliz con sólo leer y ponerme comentarios tan geniales. Joder, os adoro.
Quiero que votéis en las reacciones de abajo, y también que me dijerais si os ha gustado o el cap, qué es lo que más os ha gustado y qué lo que menos... ¡No sé!
Un besazo y espero estar aquí por mucho tiempo, acompañada de vosotras.
DONNA SCARS.
No hay comentarios:
Publicar un comentario