Me arrodillo en el confesionario y junto mis manos, entrelazando mis dedos y apoyando mis codos en la pequeña tabla de madera que sirve para eso, apoyarse.
—Hola hijo.—la voz áspera del padre llega a mi alma en segundos, dejándome anonadado.
Levanto mi cabeza, mirando al padre entre las rejillas, las cuales ayudan a que el señor mayor a través de ella no me intimide tanto.
—He pecado, padre.—mi voz suena más rara de lo normal.
—Cuéntanos a mí y a dios, ahora que nos está oyendo.—trago saliva.
—Verá padre, he pecado mucho a lo largo de mi vida, y sabe que siempre he venido por los pecados más gordos...—cojo aire.—Anoche pasé la noche con una chica increíble, es más, es mi abogada y es una buena mujer, con una personalidad asombrosa.—me corto, sin saber cómo seguir.
—Sigue hijo, te escuchamos.—me anima. Expulso el dióxido de carbono y sigo...
—Tuvimos relaciones y tuve unos pensamientos durante la "acción" que no fueron propios de mí...
—¿Qué clase de pensamientos?—pregunta curioso.
—No lo sé, fue extraño. Como cuando estaba con mi ex mujer, era... no sé cómo explicarlo.—sacudo mi cabeza.
—¿Sentiste algo en especial?—muerdo mi labio con nerviosismo.
—Cariño.
Entro en ella de un suave movimiento y gemimos a la vez. Arquea su espalda, haciendo que sus pechos vayan a cada lado, poniéndome más duro aún.
Se incorpora y cuelga sus brazos en mi nuca.
—Justin, más rápido.—susurra.
Hago caso y acelero, mordiendo mi labio con fuerza, mi estómago se siente bien, todo mi puto cuerpo está de festín ahora mismo.
"Normal Bieber, estás follando con una belleza sobrehumana." — Me dice mi subconsciente con un tono obvio.
La miro a los ojos como acto reflejo y ella hace lo mismo. "Click". Frunce su ceño al ver que he parado. Parpadeo varias veces, intento seguir pero no puedo.
Salgo de ella, por así decirlo de una forma fina, y cojo los bóxer que están a mi lado. Me los pongo y me levanto.
—Justin...
—Me tengo que ir, en serio ____.—digo sin mirarla.
—¿Estás bien?—asiento y, sin vestirme, salgo del cuarto casi corriendo hacia la salida.
Joder, otra vez no...
—Mi problema, padre, es que me encariño demasiado rápido con las personas que suelen acercarse a mí de esa forma. Cuando lo hago con otras chicas siempre evito el contacto visual, y con ella no pude hacerlo.—trago el nudo de mi garganta.—Me siento sucio, porque prometí no volver a sentir esto que siento ahora mismo, esta angustia por volver a verla de nuevo... He pecado, me traicioné a mí mismo y a dios. Joder.... lo siento, no soy de lengua de oro.—oigo al padre suspirar.
—Hijo mío, no te has traicionado, mucho menos a dios nuestro señor. No te sientas sucio por sentir eso por una bella mujer. Pero sí que has pecado, ir de flor en flor no es de un buen Cristiano. Así que reza cuatro Padre Nuestro y dos Ave María. Vaya con dios.—y cierra la trampilla.
—Haley, te he dicho que no le des a Charlotte nada de azúcar. ¿Qué parte de que es diabética no entiendes?—sacudo mi cabeza, quitándole a mi hija la barrita de chocolate.
—Ostia, siempre se me olvida. Lo siento Justin.—dice arrepentida.
—Déjalo, sólo ten más cuidado, ¿vale?—asiente seria y cojo en brazos a mi enana.—Vamos a casa peque.—beso su mejilla y se abraza a mi cuello, descansando su cabeza en mi hombro derecho.—Gracias por recogerla gorda.—me acerco a mi hermana y la beso en la mejilla.
—Nada gordo.—me guiña un ojo y reímos.—Adiós.—salgo de la casa de mis padres y me dirijo a mi coche.
Frunzo el ceño al ver la puerta de mi casa abierta de par en par. Hoy le di el día libre a Angeline...
—Papi, ¿no bajamos?—Charlie habla detrás.
—Espera un segundo nena, quédate aquí, ¿me entiendes?—me desabrocho el cinturón y me giro, mirando los intensos ojos verdes.—Si ves que ocurre algo, corre.—alargo el brazo y desabrocho el cinturón de su sillita. Asiente y le doy una sonrisa.
—Ostia, siempre se me olvida. Lo siento Justin.—dice arrepentida.
—Déjalo, sólo ten más cuidado, ¿vale?—asiente seria y cojo en brazos a mi enana.—Vamos a casa peque.—beso su mejilla y se abraza a mi cuello, descansando su cabeza en mi hombro derecho.—Gracias por recogerla gorda.—me acerco a mi hermana y la beso en la mejilla.
—Nada gordo.—me guiña un ojo y reímos.—Adiós.—salgo de la casa de mis padres y me dirijo a mi coche.
Frunzo el ceño al ver la puerta de mi casa abierta de par en par. Hoy le di el día libre a Angeline...
—Papi, ¿no bajamos?—Charlie habla detrás.
—Espera un segundo nena, quédate aquí, ¿me entiendes?—me desabrocho el cinturón y me giro, mirando los intensos ojos verdes.—Si ves que ocurre algo, corre.—alargo el brazo y desabrocho el cinturón de su sillita. Asiente y le doy una sonrisa.
Salgo del coche, ando hacia la entrada y veo a Morrison salir directo hacia mí, mierda...
—Tú, hijo de puta, o me das lo que te pedí, o juro que te parto las piernas.—me agarra del cuello de la camisa.
—Mira, te lo voy a dar joder, tengo el crack ya preparado. Diez kilos y sólo necesito envolverlo en papel, y listo.—me defiendo. Me mira inseguro y su mirada va hacia otro punto. Mi coche. Lo cual quiere decir. Mi hija.
—Vaya, ¿es tu hija esa morenita que anda hacia nosotros?—giro mi cabeza de golpe y a los segundos está agarrada a mi pierna.
—Papi, ¿te va a pegar?—su voz tiembla.
Morrison me suelta. Me arrodillo frente a ella y se abraza a mí.
—No me va a pegar, es un amigo. Sólo estaba bromeando.—susurro, intentando calmarla.—Te dije que te quedaras en el coche.—la separo de mí y acaricio su carita blanca.
—Bueno Bieber, el crack lo quiero pronto, si te pasas de la semana...—me levanto y me giro, frunciendo el ceño.—Puede que nos divirtamos con tu preciosa Charlotte.—se acerca a mi hija y acaricia su mejilla.—¿Te gustan las chuches?—le pregunta.
—No puedo comerlas, son malas para mí.—habla tímida.
—Vaya, mejor aún. Ya sabes Justin, si no quieres que a tu pequeña le de un chungo con porquerías, dame lo que quiero y todo en paz.—me guiña un ojo y se va.
—¡Joder Marie, te he dicho que no me jodas más!—grito, deseando estampar el móvil contra el suelo.
—Eres un puto egocéntrico que sólo piensa en sí mismo. Sabía que no podía dejar a Charlotte contigo.
—¡Oh dios! ¡Soy lo suficientemente responsable como para encargarme de mi jodida hija! ¡Estoy hasta los cojones de tener que escuchar mierdas tuyas!—le pego una patada a la mesa del despacho.
La oigo sollozar y tenso mi mandíbula.
—Te juro que como no dejes de intentar hundirme, te quito la puta custodia de Charlotte. ¿Lo pillas?—le doy un sorbo al vaso preparado de vodka sobre mi mesa de despacho.
—Justin... por favor.—su voz ahora suena rota.
—Me jodiste la vida, y como lo vuelvas a intentar, no me quedará otra que hacer algo al respecto.—cuelgo, dejándola con la palabra en la boca.—Puta.—mascullo y dejo el móvil en la mesa, bebiéndome del tirón el vodka.
—¡Papá!—grita Charlie.
—¡Voy!—dejo el vaso y salgo de mi despacho, dirigiéndome a su habitación a paso ligero.
—Papá, ¿no puedo comer ni una onza de chocolate?—hace un puchero con su labio inferior. Suspiro y sacudo mi cabeza.
—No cariño. Sé que es difícil, pero no puedo arriesgarme a que te pase algo enana.—acaricio su pelo negro como el de su madre.
—Jo, es que en mi cole todas mis amigas comen galletas y yo no.—dice jugando con las cadenas de mi cuello.
—Cuando seas más grande podrás, pero tienes que pincharte en el dedo para ver cuánta azúcar tienes.
—¿Pincharme en el dedo?—frunce su ceño y río leve.—Qué tontería.—dice entreteniéndose aún con mis cadenas.
—Una tontería que te salva la vida enana.—le doy un leve toque en la nariz y ríe.
—Tonto.
—Oye, ¿a papá?—me hago el ofendido y asiente riendo.—Vale, vale. Pues ya no te regalo nada para tu cumple el Sábado.—me cruzo de brazos y miro a otro lado.
Ella no deja de reír, y se cuelga de mi cuello.
—¡Papá! Yo te quiero mucho.—dice besándome en la mejilla.
—No, no. Papá es un tonto.
—Si, pero mi papá es un tonto.—dice con su voz chillona.
Río y le abrazo fuerte.
—Te eché mucho de menos muñequita.—susurro.
—Y yo a ti tonto.—río y beso su cabeza.
—A dormir, venga.—me levanto con ella en brazos colgando.
Y lo mejor de todo.... no deja de reír, convirtiendo esta mansión aburrida en un hogar.
Narras tú.
Muerdo mi labio sin saber muy bien si llamar o no. Ay, joder....
Llamo y espero inquieta frente a la gran puerta. No se oyen pasos, llamo de nuevo y la puerta se abre.
Me quedo mirando a la niña morena de seis o siete años con enormes ojos verdes.
—¿Quién eres?—dice su vocecita.
—Oh, yo, ehm... ¿Está Justin?—no entiendo qué hago nerviosa delante de una niña.
—Sí, espera un segundo.—se gira y corre por el pasillo, desapareciendo—Papá, te llama una mujer.—la oigo desde aquí.
UN MOMENTO... ANALICEMOS... ¿PAPÁ? ¿LE HA DICHO PAPÁ? ¿QUÉ?
Me giro, dispuesta a irme. Pero parece ser que hoy
—¿____?—genial.
Me vuelvo a girar hacia Justin, el cual me mira extrañado. Me fijo mejor en él y veo que lleva puesto un delantal, el cual está manchado de harina, al igual que una de sus mejillas. Intento no sonreír, lográndolo.
—Mira, no sé para qué vine, mejor me vo-
—No, no te vayas.—agarra mi muñeca derecha.—Mira, siento lo de anoche. Me fui sin explicarte nada y... que soy un gilipollas. Joder.—sus ojos brillan, y no sé porqué.
—No tienes porqué disculparte. Sólo que, te fuiste tan rápido que me preocupé...—suspiro.—Igual no debí haber venido. Estás genial por lo que veo, con tu hija y no quiero molestar.—juego con mis dedos, sin saber qué más decir.
Veo como frunce su ceño ligeramente y al segundo sonríe y su entrecejo suaviza.
—Oh ____, nunca me molestarías. Pasa, ya que viniste para ver si estaba bien...—hace un gesto con su cabeza, para que entre. Él lo hace y muerdo mi labio nerviosamente.
"Oh entra ya, estúpida."—mi subconsciente me insulta por ser tan torpe al elegir.
Decido entrar a la gran casa y cierro la puerta detrás de mí. Camino por el largo pasillo, guiándome por las voces y entrando en la cocina, donde está Justin y su hija riendo.
Sonrío al ver al señor Bieber de aquella forma, con la cocina tan elegante patas arriba.
—¿Te apuntas a hacer un pastel de frutas sin azúcar, ____?—la voz de Justin me hace reaccionar. Frunzo el ceño.
—¿Sin azúcar? ¿Un pastel sin azúcar? ¡Eso no es un pastel!—protesto, haciéndolo reír.
—Cariño, Charlie es diabética, lo cual no le sentaría muy bien el día de su cumpleaños.—se encoge de hombros.
Me quedo algo indispuesta. "Eres una bocazas ____. Deberías haberte callado."—y esta vez estoy de acuerdo con mi subconsciente.
—¿Es tu cumpleaños?—intento desviar el tema. Me acerco a ellos y apoyo mis manos en mis caderas, mirando a la pelinegra de ojos verdes.
—El sábado.—dice tímida.
—¡Qué guay! ¿Y cuántos cumples?—me agacho a su altura.
—Siete.—sus mejillas enrojecen. Abro mis ojos, haciéndome la sorprendida. Ríe al ver mi cara.
—¡Eso son muchos! Te haces vieja.—le doy un toque en el pecho y su risa crece.
—¡No me hago vieja! Vieja eres tú.—me acusa y me hago la ofendida.
—Aquí nadie es más viejo que tu padre cielo.—miro a Justin de reojo, el cual sonríe mirando a su niña, pero al oírme me mira con su ceño fruncido.
—A mí no me metáis en vuestras acusaciones.—me incorporo y río junto a su hija.
—Papá, admite que te estás haciendo viejo. Dentro de unos años tendrás la baba colgando y tendré que ir a tu lado con una servilleta limpiándote.—Charlie se encoge de hombros mirando a su padre.
—Ah, por lo menos sé que mi niña me va a cuidar cuando el viejo de su padre no de para más.—dice con dulzura.
Nunca había imaginado a Justin siendo padre. Es tan atento, tan dulce, tan simpático, tan agradable... Dios mío, es un padrazo. Su hija no hace más que reír, sonreír, bromear con su padre... Ojalá yo hubiese tenido un padre como él.
Recojo la harina del suelo con el recogedor y la escoba.
—Mierda de harina, qué difícil es recogerla.—mascullo al ver que queda una línea fina de harina en el suelo.
Suspiro y me agacho, cogiendo la harina con mis manos. Así es más fácil, seamos sinceros.
—Oh dios mío ____, ¿qué mierda haces?—oigo la voz de Justin a mi espalda.
—Primero, la jodida harina no salía. Segundo, no tengo paciencia. Tercero, ayúdame a levantarme.—oigo su cálida risa y noto como me agarra, así levantándome del suelo.—Gracias.—suelto el puñado de harina en el recogedor y sacudo mis manos.
—Gracias a ti.—su voz es risueña. Lo miro con mi ceño fruncido.
—¿A mí? ¿Por qué?
—Por enseñarme a hacer un pastel de frutas sin azúcar.—sonríe divertido. Le devuelvo la sonrisa.
—Déjame decirte con el más sincero respeto, que eres un desastre.—digo con mi mano derecha en el pecho. Suelta una carcajada.
—Oh cielo lo sé de sobra. En otras partes de la cama, digo casa soy un jodido crack.—elevo una ceja y sacudo mi cabeza.
—Nunca cambies.—digo algo ruborizada.
—No tengo intención, tranquila.—me guiña un ojo, ruborizándome más aún.—Oh, mírala. Ahí está mi ____ tímida. Eres tan graciosa.—pellizca una de mis mejillas y le doy un manotazo.
—Bieber.—lo advierto bromeando. Sonríe de lado.—¿Qué hora es?—digo al fijarme que las luces de su casa ya están encendidas.
Mira su rolex.
—Las muy tarde de la noche. ¿Quieres que te lleve a casa? No creo que sea buena idea dejarte ir sola.—me mira preocupado.
—No, tranquilo. Además no puedes dejar a tu niña sola, no seas mal padre.—le guiño un ojo, o al menos hago el intento.
Ríe leve y sacude su cabeza.
—De ninguna manera. Charlie nos acompaña, le has caído muy bien.—dice sonriente.
—Aww.
—Bueno papá, ya estoy. ¿Acompañamos a ____ a su casa o qué?—Charlie aparece de la nada, haciéndome reír con su tono de voz. Justin se une a mí.
—Muchas gracias por acompañarme Justin.—me desabrocho el cinturón y miro por la ventanilla, viendo a Marcos esperándome sentado en el escalón del portal. Mierda.
—¿Quién es?—dice refiriéndose a éste. Suspiro.
—Mi ex novio, es un pesado.—sacudo mi cabeza y giro mi cabeza hacia él. Me mira no muy seguro. Abro la puerta a ciegas.—Adiós.—me despido también con la mano y salgo del coche, cerrando la puerta detrás de mí. Oigo el coche y suspiro aliviada.
Ando hacia Marcos, que me mira serio. Se levanta y anda hacia mí.
—Marcos, ¿qué haces aquí? Te dejé muy claro que no quería que vinieses más en tu puta vida.—saco las llaves de mi casa del bolsillo trasero de mis vaqueros y ando hacia la puerta. Abriendo.
—No me voy a quedar de brazos cruzados cuando la zorra de mi ex novia se va con tíos ricos ahora.—habla a mí espalda.
—Marcos, cállate la puta boca y lárgate.—entro en mi casa, dispuesta a cerrarle la puerta en las narices. Pero no es así.—Marcos, pírate antes de que llame a la policía.—trago saliva, mirándolo con miedo.
—¿Ya? Si acabo de venir.—me agarra de la cintura fuerte y me pega a él. Sus ojos marrones observan mi cuerpo de arriba abajo con lujuria, haciendo que tenga ganas de potar.
—Suéltame.—sale de mi garganta desgarrada.
—Oblígame.—mi cuerpo entero tiembla.—Si no me obligas, vamos a divertirnos un poco, ¿no ____?—muerde mi cuello, haciendo que me duela y de un gemido de dolor.
—Marcos, por favor.—lágrimas se acumulan en mis ojos rápidamente.—¡Suéltame!—grito reuniendo toda mi voz. Le doy una patada en sus... partes, haciendo que me suelta y caiga al suelo arrodillado maldiciendo entre dientes.
—¡Maldita perra!—se incorpora pronto y me alcanza, dándome una bofetada, casi haciendo que me caiga al suelo.—Iba de buenas, pero si quieres hacemos otra cosa.—me agarra del pelo y tira de mí.
—¡Suéltame, por favor! ¡Marcos me haces daño!—tira más fuerte, haciéndome gritar.
—Vas a respetarme de una vez. Y no va a ser nada bonito para ti.—sonríe como un completo psicópata, que es lo que es.
Narra Justin.
Suspiro y bebo todo el ron del vaso de golpe. Cojo mi móvil y marco su número. Llevo una puta hora esperándola...
Me lo coloco en la oreja y al tercer pitido lo coge, pero no contesta.
—¿____?—decido hablar yo.
—Justin.—suena un hilo de voz.
—¿Dónde estás? Quedamos hace una hora y no me gusta esperar, en serio.—carraspeo mi garganta.
—En mi casa. Siento no poder ir, no me encuentro bien.—oigo una voz de fondo, y ella le contesta, alejando el teléfono.
—¿Qué te pasa?—frunzo mi ceño, levantándome de la silla.
—Me duele la cabeza, no es nada.—intenta sonar normal, lo cual no acaba convenciéndome.
—Mira, no estoy par-
—Justin, soy Becca. ¿Podrías venir a casa de ____? En serio, ella necesita más ayuda que la mía. Esto es grabe y no puedo quedarme con ella.—su voz suena preocupada.
—En nada estoy allí.—cuelgo y sin más salgo de mi despacho.
No me da tiempo a llamar, cuando Becca abre la puerta.
—¿Qué pasa?—pregunto sin entender nada. Los ojos de Becca se humedecen.
—El cabrón de su ex novio ayer vino y no precisamente para saludarla.—en su voz se nota que quiere llorar.—Le pegó una paliza antes de violarla y ahora no quiere decírselo a sus hermanos ni a sus padres.—muerde su labio.
Entro en la casa.
—Está en su habitación.—me dice Becca. Voy directo a su habitación y entro sin llamar, viéndola encogida y escondiendo su cabeza en sus piernas llenas de moratones.
—____.—la llamo, pero no levanta su cabeza. Me acerco a ella.—Mírame, ____.—levanta su cabeza, mirándome. Sus ojos están morados los dos, sus mejillas rojas e irritadas, tiene cortes en los labios y en su cuello hay chupetones bestiales.—Oh joder.—la envuelvo en mis brazos, lo cual agradece y empieza a llorar en mi pecho.—Siento haberte dejado sola, no debí haberlo hecho.—digo arrepentido.
—¿Te duele?—digo al pasar mi dedo índice por su labio cortado. Asiente levemente y suspiro.
—Me duele todo.—murmura y asiento, comprendiéndola.
—Bueno, puedo desaparecer ese dolor.
—Justin, es en serio...
—Mal pensada, digo que con alcohol todo se va. ¿Qué tienes?—me levanto del sofá y ella frunce su ceño.
—Pero, ¿no sería peor?—se levanta.
—Tú siéntate. ¿Tienes Beefeater?—su ceño sigue fruncido.
—Creo que s-
—Guay, no te muevas de ahí eh.—voy hacia la cocina y no puedo evitar en fijarme en una nota en el frigorífico.
Me acerco a éste y cojo la nota.
"Vuelve a acercarte a ella y haré lo mismo que hice con ____ pero esta vez a tu hija.
M.H."
_
RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo.
¡Ya subí! Ya no me matéis, por dios. Si tenéis dudas sobre la novela pasaros por mi ask
He subido con pocos RT's y pocos votos en wattpad, así que, en este capítulo quiero más votos y RT's. Sino no tendré más remedio que subir un capítulo al mes.
Gracias por leer y espero vuestros comentarios ♡♡♡♡♡♡
—Tú, hijo de puta, o me das lo que te pedí, o juro que te parto las piernas.—me agarra del cuello de la camisa.
—Mira, te lo voy a dar joder, tengo el crack ya preparado. Diez kilos y sólo necesito envolverlo en papel, y listo.—me defiendo. Me mira inseguro y su mirada va hacia otro punto. Mi coche. Lo cual quiere decir. Mi hija.
—Vaya, ¿es tu hija esa morenita que anda hacia nosotros?—giro mi cabeza de golpe y a los segundos está agarrada a mi pierna.
—Papi, ¿te va a pegar?—su voz tiembla.
Morrison me suelta. Me arrodillo frente a ella y se abraza a mí.
—No me va a pegar, es un amigo. Sólo estaba bromeando.—susurro, intentando calmarla.—Te dije que te quedaras en el coche.—la separo de mí y acaricio su carita blanca.
—Bueno Bieber, el crack lo quiero pronto, si te pasas de la semana...—me levanto y me giro, frunciendo el ceño.—Puede que nos divirtamos con tu preciosa Charlotte.—se acerca a mi hija y acaricia su mejilla.—¿Te gustan las chuches?—le pregunta.
—No puedo comerlas, son malas para mí.—habla tímida.
—Vaya, mejor aún. Ya sabes Justin, si no quieres que a tu pequeña le de un chungo con porquerías, dame lo que quiero y todo en paz.—me guiña un ojo y se va.
—¡Joder Marie, te he dicho que no me jodas más!—grito, deseando estampar el móvil contra el suelo.
—Eres un puto egocéntrico que sólo piensa en sí mismo. Sabía que no podía dejar a Charlotte contigo.
—¡Oh dios! ¡Soy lo suficientemente responsable como para encargarme de mi jodida hija! ¡Estoy hasta los cojones de tener que escuchar mierdas tuyas!—le pego una patada a la mesa del despacho.
La oigo sollozar y tenso mi mandíbula.
—Te juro que como no dejes de intentar hundirme, te quito la puta custodia de Charlotte. ¿Lo pillas?—le doy un sorbo al vaso preparado de vodka sobre mi mesa de despacho.
—Justin... por favor.—su voz ahora suena rota.
—Me jodiste la vida, y como lo vuelvas a intentar, no me quedará otra que hacer algo al respecto.—cuelgo, dejándola con la palabra en la boca.—Puta.—mascullo y dejo el móvil en la mesa, bebiéndome del tirón el vodka.
—¡Papá!—grita Charlie.
—¡Voy!—dejo el vaso y salgo de mi despacho, dirigiéndome a su habitación a paso ligero.
—Papá, ¿no puedo comer ni una onza de chocolate?—hace un puchero con su labio inferior. Suspiro y sacudo mi cabeza.
—No cariño. Sé que es difícil, pero no puedo arriesgarme a que te pase algo enana.—acaricio su pelo negro como el de su madre.
—Jo, es que en mi cole todas mis amigas comen galletas y yo no.—dice jugando con las cadenas de mi cuello.
—Cuando seas más grande podrás, pero tienes que pincharte en el dedo para ver cuánta azúcar tienes.
—¿Pincharme en el dedo?—frunce su ceño y río leve.—Qué tontería.—dice entreteniéndose aún con mis cadenas.
—Una tontería que te salva la vida enana.—le doy un leve toque en la nariz y ríe.
—Tonto.
—Oye, ¿a papá?—me hago el ofendido y asiente riendo.—Vale, vale. Pues ya no te regalo nada para tu cumple el Sábado.—me cruzo de brazos y miro a otro lado.
Ella no deja de reír, y se cuelga de mi cuello.
—¡Papá! Yo te quiero mucho.—dice besándome en la mejilla.
—No, no. Papá es un tonto.
—Si, pero mi papá es un tonto.—dice con su voz chillona.
Río y le abrazo fuerte.
—Te eché mucho de menos muñequita.—susurro.
—Y yo a ti tonto.—río y beso su cabeza.
—A dormir, venga.—me levanto con ella en brazos colgando.
Y lo mejor de todo.... no deja de reír, convirtiendo esta mansión aburrida en un hogar.
Narras tú.
Muerdo mi labio sin saber muy bien si llamar o no. Ay, joder....
Llamo y espero inquieta frente a la gran puerta. No se oyen pasos, llamo de nuevo y la puerta se abre.
Me quedo mirando a la niña morena de seis o siete años con enormes ojos verdes.
—¿Quién eres?—dice su vocecita.
—Oh, yo, ehm... ¿Está Justin?—no entiendo qué hago nerviosa delante de una niña.
—Sí, espera un segundo.—se gira y corre por el pasillo, desapareciendo—Papá, te llama una mujer.—la oigo desde aquí.
UN MOMENTO... ANALICEMOS... ¿PAPÁ? ¿LE HA DICHO PAPÁ? ¿QUÉ?
Me giro, dispuesta a irme. Pero parece ser que hoy
—¿____?—genial.
Me vuelvo a girar hacia Justin, el cual me mira extrañado. Me fijo mejor en él y veo que lleva puesto un delantal, el cual está manchado de harina, al igual que una de sus mejillas. Intento no sonreír, lográndolo.
—Mira, no sé para qué vine, mejor me vo-
—No, no te vayas.—agarra mi muñeca derecha.—Mira, siento lo de anoche. Me fui sin explicarte nada y... que soy un gilipollas. Joder.—sus ojos brillan, y no sé porqué.
—No tienes porqué disculparte. Sólo que, te fuiste tan rápido que me preocupé...—suspiro.—Igual no debí haber venido. Estás genial por lo que veo, con tu hija y no quiero molestar.—juego con mis dedos, sin saber qué más decir.
Veo como frunce su ceño ligeramente y al segundo sonríe y su entrecejo suaviza.
—Oh ____, nunca me molestarías. Pasa, ya que viniste para ver si estaba bien...—hace un gesto con su cabeza, para que entre. Él lo hace y muerdo mi labio nerviosamente.
"Oh entra ya, estúpida."—mi subconsciente me insulta por ser tan torpe al elegir.
Decido entrar a la gran casa y cierro la puerta detrás de mí. Camino por el largo pasillo, guiándome por las voces y entrando en la cocina, donde está Justin y su hija riendo.
Sonrío al ver al señor Bieber de aquella forma, con la cocina tan elegante patas arriba.
—¿Te apuntas a hacer un pastel de frutas sin azúcar, ____?—la voz de Justin me hace reaccionar. Frunzo el ceño.
—¿Sin azúcar? ¿Un pastel sin azúcar? ¡Eso no es un pastel!—protesto, haciéndolo reír.
—Cariño, Charlie es diabética, lo cual no le sentaría muy bien el día de su cumpleaños.—se encoge de hombros.
Me quedo algo indispuesta. "Eres una bocazas ____. Deberías haberte callado."—y esta vez estoy de acuerdo con mi subconsciente.
—¿Es tu cumpleaños?—intento desviar el tema. Me acerco a ellos y apoyo mis manos en mis caderas, mirando a la pelinegra de ojos verdes.
—El sábado.—dice tímida.
—¡Qué guay! ¿Y cuántos cumples?—me agacho a su altura.
—Siete.—sus mejillas enrojecen. Abro mis ojos, haciéndome la sorprendida. Ríe al ver mi cara.
—¡Eso son muchos! Te haces vieja.—le doy un toque en el pecho y su risa crece.
—¡No me hago vieja! Vieja eres tú.—me acusa y me hago la ofendida.
—Aquí nadie es más viejo que tu padre cielo.—miro a Justin de reojo, el cual sonríe mirando a su niña, pero al oírme me mira con su ceño fruncido.
—A mí no me metáis en vuestras acusaciones.—me incorporo y río junto a su hija.
—Papá, admite que te estás haciendo viejo. Dentro de unos años tendrás la baba colgando y tendré que ir a tu lado con una servilleta limpiándote.—Charlie se encoge de hombros mirando a su padre.
—Ah, por lo menos sé que mi niña me va a cuidar cuando el viejo de su padre no de para más.—dice con dulzura.
Nunca había imaginado a Justin siendo padre. Es tan atento, tan dulce, tan simpático, tan agradable... Dios mío, es un padrazo. Su hija no hace más que reír, sonreír, bromear con su padre... Ojalá yo hubiese tenido un padre como él.
Recojo la harina del suelo con el recogedor y la escoba.
—Mierda de harina, qué difícil es recogerla.—mascullo al ver que queda una línea fina de harina en el suelo.
Suspiro y me agacho, cogiendo la harina con mis manos. Así es más fácil, seamos sinceros.
—Oh dios mío ____, ¿qué mierda haces?—oigo la voz de Justin a mi espalda.
—Primero, la jodida harina no salía. Segundo, no tengo paciencia. Tercero, ayúdame a levantarme.—oigo su cálida risa y noto como me agarra, así levantándome del suelo.—Gracias.—suelto el puñado de harina en el recogedor y sacudo mis manos.
—Gracias a ti.—su voz es risueña. Lo miro con mi ceño fruncido.
—¿A mí? ¿Por qué?
—Por enseñarme a hacer un pastel de frutas sin azúcar.—sonríe divertido. Le devuelvo la sonrisa.
—Déjame decirte con el más sincero respeto, que eres un desastre.—digo con mi mano derecha en el pecho. Suelta una carcajada.
—Oh cielo lo sé de sobra. En otras partes de la cama, digo casa soy un jodido crack.—elevo una ceja y sacudo mi cabeza.
—Nunca cambies.—digo algo ruborizada.
—No tengo intención, tranquila.—me guiña un ojo, ruborizándome más aún.—Oh, mírala. Ahí está mi ____ tímida. Eres tan graciosa.—pellizca una de mis mejillas y le doy un manotazo.
—Bieber.—lo advierto bromeando. Sonríe de lado.—¿Qué hora es?—digo al fijarme que las luces de su casa ya están encendidas.
Mira su rolex.
—Las muy tarde de la noche. ¿Quieres que te lleve a casa? No creo que sea buena idea dejarte ir sola.—me mira preocupado.
—No, tranquilo. Además no puedes dejar a tu niña sola, no seas mal padre.—le guiño un ojo, o al menos hago el intento.
Ríe leve y sacude su cabeza.
—De ninguna manera. Charlie nos acompaña, le has caído muy bien.—dice sonriente.
—Aww.
—Bueno papá, ya estoy. ¿Acompañamos a ____ a su casa o qué?—Charlie aparece de la nada, haciéndome reír con su tono de voz. Justin se une a mí.
—Muchas gracias por acompañarme Justin.—me desabrocho el cinturón y miro por la ventanilla, viendo a Marcos esperándome sentado en el escalón del portal. Mierda.
—¿Quién es?—dice refiriéndose a éste. Suspiro.
—Mi ex novio, es un pesado.—sacudo mi cabeza y giro mi cabeza hacia él. Me mira no muy seguro. Abro la puerta a ciegas.—Adiós.—me despido también con la mano y salgo del coche, cerrando la puerta detrás de mí. Oigo el coche y suspiro aliviada.
Ando hacia Marcos, que me mira serio. Se levanta y anda hacia mí.
—Marcos, ¿qué haces aquí? Te dejé muy claro que no quería que vinieses más en tu puta vida.—saco las llaves de mi casa del bolsillo trasero de mis vaqueros y ando hacia la puerta. Abriendo.
—No me voy a quedar de brazos cruzados cuando la zorra de mi ex novia se va con tíos ricos ahora.—habla a mí espalda.
—Marcos, cállate la puta boca y lárgate.—entro en mi casa, dispuesta a cerrarle la puerta en las narices. Pero no es así.—Marcos, pírate antes de que llame a la policía.—trago saliva, mirándolo con miedo.
—¿Ya? Si acabo de venir.—me agarra de la cintura fuerte y me pega a él. Sus ojos marrones observan mi cuerpo de arriba abajo con lujuria, haciendo que tenga ganas de potar.
—Suéltame.—sale de mi garganta desgarrada.
—Oblígame.—mi cuerpo entero tiembla.—Si no me obligas, vamos a divertirnos un poco, ¿no ____?—muerde mi cuello, haciendo que me duela y de un gemido de dolor.
—Marcos, por favor.—lágrimas se acumulan en mis ojos rápidamente.—¡Suéltame!—grito reuniendo toda mi voz. Le doy una patada en sus... partes, haciendo que me suelta y caiga al suelo arrodillado maldiciendo entre dientes.
—¡Maldita perra!—se incorpora pronto y me alcanza, dándome una bofetada, casi haciendo que me caiga al suelo.—Iba de buenas, pero si quieres hacemos otra cosa.—me agarra del pelo y tira de mí.
—¡Suéltame, por favor! ¡Marcos me haces daño!—tira más fuerte, haciéndome gritar.
—Vas a respetarme de una vez. Y no va a ser nada bonito para ti.—sonríe como un completo psicópata, que es lo que es.
Narra Justin.
Suspiro y bebo todo el ron del vaso de golpe. Cojo mi móvil y marco su número. Llevo una puta hora esperándola...
Me lo coloco en la oreja y al tercer pitido lo coge, pero no contesta.
—¿____?—decido hablar yo.
—Justin.—suena un hilo de voz.
—¿Dónde estás? Quedamos hace una hora y no me gusta esperar, en serio.—carraspeo mi garganta.
—En mi casa. Siento no poder ir, no me encuentro bien.—oigo una voz de fondo, y ella le contesta, alejando el teléfono.
—¿Qué te pasa?—frunzo mi ceño, levantándome de la silla.
—Me duele la cabeza, no es nada.—intenta sonar normal, lo cual no acaba convenciéndome.
—Mira, no estoy par-
—Justin, soy Becca. ¿Podrías venir a casa de ____? En serio, ella necesita más ayuda que la mía. Esto es grabe y no puedo quedarme con ella.—su voz suena preocupada.
—En nada estoy allí.—cuelgo y sin más salgo de mi despacho.
No me da tiempo a llamar, cuando Becca abre la puerta.
—¿Qué pasa?—pregunto sin entender nada. Los ojos de Becca se humedecen.
—El cabrón de su ex novio ayer vino y no precisamente para saludarla.—en su voz se nota que quiere llorar.—Le pegó una paliza antes de violarla y ahora no quiere decírselo a sus hermanos ni a sus padres.—muerde su labio.
Entro en la casa.
—Está en su habitación.—me dice Becca. Voy directo a su habitación y entro sin llamar, viéndola encogida y escondiendo su cabeza en sus piernas llenas de moratones.
—____.—la llamo, pero no levanta su cabeza. Me acerco a ella.—Mírame, ____.—levanta su cabeza, mirándome. Sus ojos están morados los dos, sus mejillas rojas e irritadas, tiene cortes en los labios y en su cuello hay chupetones bestiales.—Oh joder.—la envuelvo en mis brazos, lo cual agradece y empieza a llorar en mi pecho.—Siento haberte dejado sola, no debí haberlo hecho.—digo arrepentido.
—¿Te duele?—digo al pasar mi dedo índice por su labio cortado. Asiente levemente y suspiro.
—Me duele todo.—murmura y asiento, comprendiéndola.
—Bueno, puedo desaparecer ese dolor.
—Justin, es en serio...
—Mal pensada, digo que con alcohol todo se va. ¿Qué tienes?—me levanto del sofá y ella frunce su ceño.
—Pero, ¿no sería peor?—se levanta.
—Tú siéntate. ¿Tienes Beefeater?—su ceño sigue fruncido.
—Creo que s-
—Guay, no te muevas de ahí eh.—voy hacia la cocina y no puedo evitar en fijarme en una nota en el frigorífico.
Me acerco a éste y cojo la nota.
"Vuelve a acercarte a ella y haré lo mismo que hice con ____ pero esta vez a tu hija.
M.H."
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RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo.
¡Ya subí! Ya no me matéis, por dios. Si tenéis dudas sobre la novela pasaros por mi ask
He subido con pocos RT's y pocos votos en wattpad, así que, en este capítulo quiero más votos y RT's. Sino no tendré más remedio que subir un capítulo al mes.
Gracias por leer y espero vuestros comentarios ♡♡♡♡♡♡
P.D: "Flores de Papel", "The Gangster" y "Ayúdame a Olvidar el pasado" quedan paradas hasta verano. Lo siento pero mi curso está en juego y no es plan.... Espero que me entendáis.
-Donna.
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